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Rajoy arropa a Moreno en su toma de posesión tras el pacto con Vox: "Es un referente de sensatez"
Moreno Bonilla ha tomado posesión este domingo como presidente de la Junta de Andalucía para afrontar su tercera legislatura consecutiva, apenas tres días después de ser investido gracias al respaldo de Vox. La ceremonia, celebrada en los jardines del Palacio de San Telmo, ha escenificado el inicio de una nueva etapa política marcada por el primer Gobierno andaluz de coalición entre el Partido Popular y la formación de extrema derecha. Entre los asistentes ha destacado la presencia del expresidente del Gobierno Mariano Rajoy, que ha querido arropar personalmente a Moreno en uno de los momentos políticos más delicados de su trayectoria. El líder popular inicia este nuevo mandato tras haber perdido la mayoría absoluta lograda en 2022 y después de cerrar un acuerdo de gobierno de 150 medidas con Vox que incorpora a la formación de Santiago Abascal al Ejecutivo autonómico. Antes del acto institucional, Rajoy elogió públicamente la figura de Moreno y lo definió como un "referente de sensatez" en un contexto político que, a su juicio, está marcado por la crispación. "En estos momentos Andalucía está entre las primeras comunidades porque se están haciendo bien las cosas", afirmó el expresidente del Gobierno en declaraciones a Canal Sur Televisión. El respaldo de Rajoy llega en un momento especialmente significativo para Moreno, cuya imagen de dirigente moderado ha sido cuestionada por la oposición tras aceptar buena parte de las exigencias de Vox para garantizar su continuidad al frente de la Junta. Una investidura condicionada por la extrema derecha La toma de posesión pone fin a un proceso de negociación que se prolongó durante casi siete semanas desde las elecciones autonómicas del pasado 17 de mayo. El PP obtuvo entonces 53 escaños, dos menos de los necesarios para conservar la mayoría absoluta, lo que obligó a Moreno a buscar el apoyo parlamentario de Vox, que logró 15 diputados. Las conversaciones culminaron el pasado jueves con la firma del denominado "Acuerdo de Gobierno y Estabilidad para Andalucía", un documento de 150 medidas que permitió la investidura del dirigente popular en segunda votación gracias a la suma de los 68 votos de ambas formaciones. El pacto supone, además, la entrada de Vox por primera vez en el Gobierno andaluz. El portavoz parlamentario de la formación, Manuel Gavira, asumirá la Vicepresidencia de la Junta y la Consejería de Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local. La coalición incorpora propuestas especialmente controvertidas defendidas por Vox, como la denominada "prioridad nacional" en el acceso a determinadas ayudas públicas, el endurecimiento de las políticas migratorias, la derogación de la Ley andaluza de Memoria Histórica o la progresiva concertación del Bachillerato. Precisamente estas medidas han provocado una fuerte contestación política y social durante los últimos días por parte de la oposición, organizaciones memorialistas, sindicatos educativos y colectivos sociales. Un acto más reducido que hace cuatro años La ceremonia de este domingo también ha reflejado un cambio respecto a anteriores investiduras. En esta ocasión, el acto se ha desarrollado en los jardines del Palacio de San Telmo y ha contado...
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Izquierda
La Sexta Noticias
Gavira pone en valor el acuerdo en Andalucía y avisa: "Esta ola que está recorriendo España acabará en Moncloa"
¿Qué ha dicho?: El nuevo vicepresidente de la Junta asegura que "los andaluces se han cansado de ser los últimos" en referencia a la migración y los dictados de la prioridad nacional de Vox.
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Moreno, en su toma de posesión tras pactar con Vox: "Los acuerdos no gustan al 100% ni a las partes que lo firman"
El presidente andaluz jura el cargo por tercera vez en el Palacio de San Telmo, sin la asistencia de ningún ministro del Gobierno de Pedro Sánchez ni del líder nacional del PP, Alberto Núñez Feijóo, y defiende que "Andalucía siempre ha sido contraria a los cordones sanitarios"Bienvenidos a la Andalucía del Gobierno “imposible”: el PP busca otro socio dócil y Vox la contrarrevolución a Juanma Moreno
Juanma Moreno fue investido presidente de Andalucía el pasado jueves, tras alcanzar un acuerdo de Gobierno con Vox, y programó la toma de posesión del cargo para este domingo, 5 de julio, coincidiendo con el aniversario del nacimiento de Blas Infante, “padre de la patria andaluza”, según consta en el Estatuto de Autonomía.
Para el PP, la coincidencia es “un guiño”, una señal de que Moreno no se apartará de la denominada “vía andaluza” ni del discurso marcadamente andalucista que pronunció en este mismo sitio, el Palacio de San Telmo, hace cuatro años, en aquella jura del cargo con mayoría absoluta. Para las izquierdas, en cambio, es toda una “provocación” del presidente que “ha metido en el Gobierno andaluz a la extrema derecha”, los herederos políticos de quienes “fusilaron a Blas Infante”, quienes “insultan su memoria y desprecian el andalucismo”.
El acto institucional de la jura del cargo, ante unos 500 invitados, no tiene la pompa ni el oropel autoreferencial que tuvo en 2022, ni aquella realización del evento en el que una cámara siguió el descenso del presidente por la escalinata de mármol del Palacio de San Telmo, sede del Gobierno andaluz, acompañado de su mujer. Menos presidencialista, menos boato, más regreso al protocolo.
El primer discurso de Moreno tampoco es el mismo, esta vez venía cargado de argumentos para convencer de que el acuerdo de Gobierno con la ultraderecha y la asunción de todos sus postulados no supondrá un vuelco en las políticas públicas. “Voy a ser fiel a mí mismo y al modelo que ha hecho de Andalucía un referente de entendimiento. Los valores no cambian”, ha empezado diciendo, para subrayar por enésima vez en los últimos tres días que “la vía andaluza de la serenidad y el diálogo sigue”.
Sin embargo, al finalizar la lectura del discurso, Moreno pronunció una frase que no estaba escrita y que retrata, de nuevo, la incomodidad del barón popular, referente de la derecha más moderada en España, por atarse a los principios ideológicos de la ultraderecha: su rechazo “frontal” a los inmigrantes, a las leyes de igualdad y de memoria y al cambio climático, su desprecio a los sindicatos. “Se acabaron las mariscadas”, dijo el viernes el portavoz de Vox y futuro vicepresidente andaluz, Manuel Gavira.
“Los acuerdos no gustan al 100% ni a las partes que lo firman por dejarte cosas en el camino. Pero son fruto del diálogo, que es la esencia de la democracia moderna y de la libertad. Espero que esta legislatura sea fructífera y larga, o no será”, dejó dicho Moreno.
Ningún ministro del Gobierno de Pedro Sánchez ha asistido al acto institucional de la toma de posesión del presidente de Andalucía, que ha estado representado por la secretaria de Estado de Política Territorial, Miryam Álvarez, y el subdelegado de Málaga, Javier Salas. Tampoco ha estado el presidente nacional del PP, Alberto Núñez Feijóo, que sí participó del acto de 2022, y en su lugar la dirección nacional ha enviado al vicesecretario de Política Territorial, Elías Bendodo.
Tampoco ha asistido ningún otro presidente autonómico del PP. En 2022 le acompañaron, en primera fila, Isabel Díaz Ayuso (Madrid), Alfonso Rueda (Galicia), Fernando López Miras (Miras), Alfonso Fernández Mañueco (Castilla y León), Juan Jesús Vivas (Ceuta) y Eduardo de Castro (Melilla), y el presidente de honor del PP andaluz, Javier Arenas.
La figura política de más peso que ha arropado a Moreno en su tercera toma de posesión -también estuvo en la anterior- es el expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, padrino político del líder andaluz, y la persona que le señaló con el dedo en 2014 para nombrarlo presidente del PP de Andalucía, con aquel mítico: “Tú lo has querido”. Junto a él, la exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y la exminitra de Trabajo, Fátima Báñez.
Ante ellos, Moreno ha hecho un elogio de “la política del acuerdo y la proximidad”. “Andalucía ha sido siempre contraria a los cordones sanitarios, no es excluyente en ningún ámbito político”, ha subrayado, siempre sin citar explícitamente su pacto con Vox. El discurso ha rodeado el elefante en la habitación y, a ratos, no estaba claro si el presidente apelaba a la aceptación de su socio de ultraderecha como nuevo actor político en la gobernabilidad, o si estaba hablando de la integración de esos inmigrantes que su socio quiere excluir de las prestaciones sociales, por detrás siempre de los españoles (prioridad nacional). “En esta Andalucía cabemos todos. Somos el sur. Y el sur es humanidad, empatía, lucidez, valentía. Debemos entendernos, buscar lo que nos une, no lo que nos separa”, ha dicho, para subrayar el “inmenso valor de la concordia”.
La dependencia absoluta del partido de Santiago Abascal -tras ganar las elecciones, pero quedarse a dos escaños de la mayoría absoluta- ha cimbreado por completo el discurso del presidente. En 2022, en un ambiente de celebración y fiesta, Moreno hizo una exaltación entusiasta de Andalucía: empezó citando al cantautor Carlos Cano, referente del andalucismo jornalero, y un clásico en los mítines de las izquierdas; y terminó con una cita a la escritora María Zambrano, huida de España tras la Guerra Civil y exiliada durante los 40 años de dictadura franquista.
Ahora ha dedicado la mayor parte de su discurso a reivindicar un estilo de hacer política y unos principios que, bajo el prisma del acuerdo firmado entre PP y Vox, están en entredicho. Así lo ha interpretado de manera unánime toda la prensa.
En primera fila del público le escuchaba, con rostro serio, la líder de la oposición y secretaria general del PSOE andaluz, María Jesús Montero, sentada por protocolo entre el portavoz parlamentario del PP, Toni Martín, y de Manuel Gavira, portavoz de Vox y futuro vicepresidente. De los expresidentes andaluces socialistas, sólo ha participado la expresidenta y senadora Susana Díaz.
Al terminar su discurso, el presidente ha pedido a los asistentes que “chillen” con él un “viva por Andalucía”. Luego un cuarteto de cuerda de la Fundación Barenboim-Said -integrada por jóvenes músicos de países árabes, Palestina e Israel- ha interpretado el himno de Andalucía y, seguido, el himno de España. El público ha aplaudido y, desde el fondo, se ha escuchado un grito potente: “¡Viva España!”, respondido luego por otro grito menor: “¡Viva Andalucía!”.
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Moreno Bonilla toma posesión como presidente de Andalucía tras asumir los postulados de Vox
Con una puntualidad británica, Juanma Moreno Bonilla llegaba al Palacio de San Telmo junto al presidente del Parlamento de Andalucía, Jesús Aguirre, para el acto institucional de su toma de posesión. A diferencia del año 2022, el escenario principal se ha situado en el Palacio de San Telmo, ante unas 300 personas, después de que el jueves Partido Popular y Vox cerraran el acuerdo para conformar un Gobierno de coalición, el primero con la extrema derecha. Noticia en ampliación... Síguenos en Google Discover y no te pierdas las noticias, vídeos y artículos más interesantes Síguenos en Google Discover
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Moreno Bonilla reivindica su pacto con Vox en su toma de posesión: "Es la vía andaluza"
Con puntualidad británica, Juanma Moreno Bonilla, desfilaba sobre la alfombra roja en el Palacio de San Telmo camino al escenario. Lo hacía de la mano del presidente del Parlamento de Andalucía, Jesús Aguirre, que ha sido el maestro de ceremonias durante el acto institucional de su toma de posesión – la tercera consecutiva -. A diferencia del año 2022, el palacio presidencial se situó como escenario principal, acogiendo a 300 asistentes, entre los que destacaban las figuras del expresidente del Gobierno Mariano Rajoy y su mano derecha en Moncloa Soraya Sáenz de Santamaría. Ante todos ellos, el jefe del Ejecutivo andaluz prometía que se mantendría fiel a sí mismo, pese a firmar un acuerdo que abre las puertas del Consejo de Gobierno a la extrema derecha por primera vez en democracia. El barón conservador juraba así su cargo como presidente autonómico por tercera legislatura consecutiva, abriendo al mismo tiempo el XIII cuatrienio andaluz, marcado por la fuerte presencia de Vox como socio de Gobierno. El resultado del 17-M abocó a Moreno Bonilla a abrir una línea de diálogo con los ultraderechistas, quienes aprovecharon la aritmética parlamentaria para inocular su agenda política en la Junta de Andalucía. La prioridad nacional, de hecho, es el principal sapo que ha tenido que tragarse el jefe del Ejecutivo regional y sobre ello – aunque indirectamente – ha reflexionado en una parte de su intervención. Aguirre abría el acto institucional con la lectura protocolaria del nombramiento de Moreno Bonilla como presidente de Andalucía, recogido en el BOE este sábado. La intervención de la máxima autoridad del Parlamento abrió el camino al presidente, quien reiteró en diversas partes de su discurso la importancia de las mujeres en la construcción de la región que hoy preside. Lo hacía mientras reivindicaba los acuerdos con Vox como un camino que no siempre es deseable, pero que supone el triunfo del "diálogo" como arma política. "El acuerdo es el primer paso en un camino que hay que andar y que debe ser muy provechoso para el conjunto de Andalucía", señalaba Moreno Bonilla durante su discurso en el Palacio de San Telmo en Sevilla. Da el pistoletazo de salida a su tercer Gobierno consecutivo ante un "camino amplio que todos podemos compartir", defendiendo al mismo tiempo el pacto con Vox e identificando que "la vía andaluza es el sí al acuerdo, a la proximidad entre todos". Argumento que contraponía con un dardo a la izquierda territorial, que abogaba por los "cordones sanitarios" a Vox. Así las cosas, Moreno Bonilla prometía mantenerse "fiel" a sí mismo y al "modelo que ha hecho de Andalucía una comunidad más próspera y un referente de estabilidad y entendimiento". Ante los 300 invitados al acto institucional, el presidente de la Junta de Andalucía reiteraba que esta vía andaluza no es un proyecto excluyente, sino "inclusivo". Estabilidad y toque a Moncloa Tal promesa engarzaba con el largo camino que queda por recorrer, aludiendo a ese horizonte 2030, en el que continuará con la transformación de la comunidad...
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Izquierda
La Sexta Noticias
Juanma Moreno toma posesión como presidente de la Junta de Andalucía
El contexto: Para poder iniciar su tercera legislatura, el mandatario andaluz ha tenido que aceptar la prioridad nacional de Vox así como otros puntos del ideario ultraderechista.
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Bienvenidos a la Andalucía del Gobierno "imposible": el PP busca otro socio dócil y Vox la contrarrevolución a Juanma Moreno
El barón popular toma posesión este domingo, por tercera vez, como presidente de la Junta, por gracia de un acuerdo con la ultraderecha que inaugura una coexistencia "incómoda" entre ambos partidos, cada uno con su lectura interesada de lo que promete el pacto y lo que, en realidad, permite la leyMoreno, investido presidente de Andalucía tras un pacto con Vox que asume la vicepresidencia
Bienvenidos a la Andalucía del “gobierno imposible”. Así la bautizó Juanma Moreno durante la campaña electoral, poniéndose en la tesitura de tener que meter a Vox en su Ejecutivo, en caso de perder la mayoría absoluta.
Este domingo tomará posesión, por tercera vez, como presidente de la Junta en el Palacio de San Telmo, y la semana que viene nombrará a los 13 consejeros de su gabinete. Uno de ellos, el flamante vicepresidente, será el portavoz de la ultraderecha en Andalucía, Manuel Gavira. Desde hoy, “Manolo”. “Habla tú algo, Manolo, que me estás aquí echando el muerto”, le dijo, en un primer gesto público de afabilidad, para destensar la tensísima comparecencia posterior a la rúbrica del pacto de gobierno PP-Vox, el cuarto en España.
El jueves pasado en el Parlamento, media hora antes de la segunda votación de investidura, ambos líderes firmaron un acuerdo de gobierno y de legislatura que garantiza la aprobación de los cuatro presupuestos autonómicos para un mandato completo, la unidad de voto en todas las medidas que emanen del Ejecutivo de coalición y un reparto de carteras desigual: 12 para el PP, una para Vox. Hasta ahí, la sonrisa etrusca de Moreno.
Juanma Moreno y Manuel Gavira durante la firma del pacto de gobierno PP-Vox.
La única consejería de Vox es una macrocartera que aglutina Turismo, Desregulación, Industria y Administración Local, con rango de vicepresidencia, “la misma que gestionaba Juan Marín”, líder de Ciudadanos, en el primer Gobierno de coalición que presidió Moreno [2019-2022]. Este paralelismo no es anecdótico.
El líder popular lo usa como un guiño indisimulado para todos los analistas y periodistas parlamentarios que recuerdan aquella primera legislatura —“la Andalucía encapsulada”; la del “más ruido que nueces”— y el papel de comparsa que jugó el vicepresidente de Ciudadanos.
Moreno aspira a encajonar a su nuevo socio de Gobierno en el mismo marco mental que el anterior: un aliado dócil, inexperto y autocomplaciente. Tan satisfecho por hacerse un hueco en el Consejo de Gobierno, que terminarían fagocitados políticamente por el PP, borrados del Parlamento [de 21 escaños a cero], reafiliados masivamente en el partido de Moreno —antes rival; ahora jefe— y colocados todos en puestos de tercer y cuarto nivel en el nuevo Ejecutivo con mayoría absoluta del PP [a excepción de la consejera de Empleo, que pasó del naranja al azul sin moverse del gabinete].
Esa es la proyección mental que hace el presidente andaluz, esa es la estrategia. Y, a partir de aquí, el desguace de la marca Juanma Moreno, referente de la derecha moderada en España. De la “vía andaluza” a la prioridad nacional. De la “revolución verde” a la contrarrevolución y el “no al fanatismo climático”.
En su libro 'La vía andaluza. Manual de convivencia' (Editorial Espasa) aparece un tigre como metáfora de la política radical e intolerante, lo opuesto a la moderación que él defiende. “¿No les parece que todo funciona mejor con la serenidad de Mogwli que con la radicalidad de Shere Kahn?”, dice, valiéndose del protagonista y antagonista de El Libro de la Selva.
En su libro también aparece Sir Winston Churchill que, frente a la amenaza creciente del nazismo y la tesitura de negociar o entrar en guerra contra Hitler, también citó a un tigre, probablemente el mismo: “No puedes razonar con un tigre cuando tienes la cabeza en su boca” (1940).
“Leyes ideológicas”: Violencia de Género, Trans y colectivo LGTBI
El acuerdo PP-Vox, de 60 páginas y 150 medidas, está atravesado de principio a fin por todas las obsesiones xenófobas de la extrema derecha y otras guerras culturales: el rechazo, la estigmatización y, a ratos, la criminalización de los inmigrantes; el enfrentamiento a las políticas medioambientales y contra el consenso europeo en torno al Pacto Verde y la Agenda 2030 [que Moreno solía lucir con un pin en la solapa de su chaqueta]; el rechazo a la concertación social y al papel de los sindicatos, de las ONG y las ayudas a la cooperación internacional; y el rechazo a las “leyes ideológicas”, que aparecen en el penúltimo punto del texto sin nombres y apellidos, pero a las que Vox ha identificado abiertamente durante los últimos cuatro años de sesiones parlamentarias.
El texto solo compromete la derogación de la Ley andaluza de Memoria Histórica, aprobada en 2017 sin ningún voto en contra, y que en realidad está sentenciada por el PP de Moreno desde el primer acuerdo suscrito con Vox en 2019, aunque no llegó a ejecutarse.
Las que aparecen sin nombrar —“se adquiere el compromiso de revisar y, en su caso, derogar”— son la Ley Trans (pionera en España al regular la identidad de género sin exigir pruebas médicas, fue aprobada por unanimidad, con los votos del PP); la Ley de Lucha contra la Violencia de Género y la Ley de Igualdad entre Hombres y Mujeres, vinculada esta última a los derechos del colectivo LGTBI.
Además de estas leyes, se contemplaría la eliminación de cualquier otra norma autonómica basada “en el criterio de la ideología de género” —viejo sintagma negacionista de Vox contra el feminismo— desde las que vehiculan los currículos escolares y el lenguaje inclusivo en la administración hasta las políticas sociales y entidades públicas concretas (¿el Instituto Andaluz de la Mujer?).
El partido de Santiago Abascal ya planteó derogar estas leyes en aquella primera negociación con el PP a cambio de sus votos en la primera investidura de Moreno, pero entonces los populares, pese a tener el peor resultado de su historia (26), aguantaron el envite y las leyes finalmente se salvaron. Ahora entramos en otro escenario, más confuso, en el que los dos socios de Gobierno van a interpretar, cada uno a su manera, si lo que dice ese artículo del acuerdo significa exactamente lo que parece.
Y esto va a ocurrir prácticamente con las 150 medidas, sobre todo las más duras, las que cuentan con una redacción más ambigua, que no son pocas. Ocurrió así en 2019: el PP se va a aferrar a la estricta literalidad de lo que está escrito en el pacto, negro sobre blanco, y Vox hará una reinterpretación extensiva del mismo. “Eso no es lo que dice el acuerdo”; “Eso no forma parte del pacto”; “Cada uno es libre de interpretar como quiera, pero el pacto dice lo que dice” [reminiscencias del primer pacto PP-Vox].
Esto ya está ocurriendo. Prioridad nacional: “Exclusión de acceso a prestaciones y servicios sociales estructurales a quienes se encuentran en situación irregular, limitando su acceso exclusivamente a supuestos de urgencia vital”.
Cinco minutos después de firmar el acuerdo, Moreno aseguró que la “prioridad nacional”, lejos de reajustar la normativa para discriminar al inmigrante en el acceso a las prestaciones públicas, era un sinónimo del “baremo” que ya usa la Administración en el reparto de ayudas: “La prioridad social es el arraigo”, dijo. “La prioridad nacional va a ser más que el arraigo. Que los españoles sean los primeros en las ayudas sociales y en el acceso a la vivienda pública protegida”, le corrigió Gavira horas después.
Juanma Moreno y Manuel Gavira, camino de la firma del pacto de gobierno, el pasado jueves, media hora antes de la investidura del líder del PP con los votos de Vox.
Aferrados a la “legalidad vigente”
El árbitro de esta previsible discordia sobre el verdadero significado del acuerdo de gobierno será “el marco de la legalidad vigente”, presente cada dos por tres a lo largo de las 60 páginas, como una suerte de guardián de las esencias democráticas. Moreno ha consentido en aceptar medidas de índole racistas -como la segregación de los enfermos extranjeros, para cuantificar el coste diferenciado que representan para la sanidad pública-, pero las más disruptivas vienen condicionadas (“amortiguadas”, dice un alto dirigente del PP-A) por alusiones explícitas al “cumplimiento de la ley”. Que no dejan de ser llamativas, tratándose de un programa de gobierno.
“La política social del Gobierno estará fundamentada en los principios de justicia, legalidad y humanidad”; “En la medida en que lo permita la legislación vigente...”; “Prioridad nacional en el acceso a las ayudas públicas y la vivienda... adecuado a la legalidad vigente”; “Se valorará, al menos, con sujeción a la legalidad vigente...”. “El acuerdo es legal”, se apresuró a ponerle nombre el propio presidente andaluz nada más firmarlo, sin que ningún periodista aún lo hubiese leído ni preguntado. PP y Vox han firmado un pacto programático de gobierno “sereno”. “Y legal”.
Aunque parezca de perogrullo, aunque en el lenguaje administrativo del Boletín Oficial de la Junta de Andalucía (BOJA) las referencias al marco legal sean una constante y de obligada mención, lo que se firmó el jueves no deja de ser un documento político, al que el PP ha metido esas morcillas como “salvaguarda” de lo que está por venir: ese Gobierno “imposible” que vaticinaba Moreno en campaña.
Un Ejecutivo con “gente que no tiene experiencia de gestión en la administración”. “Algunas de las propuestas que hacen son irreales y otras son ilegales. Lo que no va a hacer el PP es incumplir la ley”, avisó el dirigente popular hace apenas un mes, cuando la prioridad nacional aún era un “eslogan vacío y efectista”.
Ahora los hombres del presidente y el propio Moreno son conscientes de que están atrapados en el marco mental de la ultraderecha, que les han impuesto su agenda y su lenguaje político, pero confían en que “todo esto pase pronto, en cuanto nos pongamos manos a la obra”. “La mitad de las cosas son irreales y las otras ilegales”, habían dicho. Y eso lo mantienen. “El terremoto político de las primeras horas era inevitable. Pero esto dura dos días, en cuanto se pongan a gobernar no les vamos a poner frenos nosotros, se los va a poner la realidad”, dice un consejero en funciones.
En la sala de mandos del Palacio de San Telmo esperan que Vox, una vez dentro del Ejecutivo, no tarde en darse cuenta de lo encorsetada que está la administración pública, la parsimonia burocrática, la fiscalización interna de los interventores y los letrados, lo rígidas que son las leyes y lo implacable que es la Constitución Española al velar por los derechos básicos de los ciudadanos, sin distinción de su origen. “No tardarán en darse de bruces con la realidad. Les pasó a los comunistas, cuando entraron en el Gobierno de coalición con el PSOE de José Antonio Griñán, le pasó al Podemos de Pablo Iglesias que se aburrió enseguida de ser el vicepresidente de Pedro Sánchez, y le pasará a Vox”, vaticinan las mismas fuentes.
Todavía es pronto para valorar el impacto real de ese acuerdo en las políticas públicas de Andalucía. Los populares confían en que pase la tormenta pronto y, tras el verano, regresar a la legislatura del “mucho ruido y pocas nueces”. Lo que sí se puede calibrar -el presidente, desde luego, ya lo ha hecho- es el desgarro que este documento ha provocado en su propia imagen pública.
La política ya no es solo “el arte de lo posible”, no en el siglo XXI. No en el siglo de Instagram y de TikTok. La imagen pública de Juanma Moreno —tan trabajada y promocionada los últimos cuatro años de mayoría absoluta— son los cimientos del poder institucional del PP en Andalucía, desde la Junta a las diputaciones, desde las alcaldías hasta el Congreso de los Diputados.
Seis elecciones consecutivas ganadas, primera fuerza en las ocho provincias y en 600 de los 785 municipios de la comunidad. “Necesitamos un Juanma Moreno en cada pueblo”, bromeaba su equipo de campaña en las municipales de 2023, mientras paseaban a su estrella frenéticamente por todo el territorio andaluz.
Juanma Moreno, en la presentación de su libro La vía andaluza. Manual de convivencia.
“Pelos en la gatera”
Juanma Moreno va a seguir siendo un dirigente templado en las formas, porque él no es una persona bronca y su estilo de hacer política nunca ha sido pendenciero. Ni desde que es gobernante, ni cuando estaba en la oposición. Pero, a todas luces, en este acuerdo de gobierno con Vox, Moreno ha sacrificado mucho de ese capital político. “Nos hemos dejado pelos en la gatera”, ha repetido estos días.
Y llama la atención que el PP —el PP nacional que ha celebrado este pacto más incluso que el andaluz— considere que ese sacrificio personal de Moreno es un mal menor, porque les ha costado mucho consolidar esa marca… Y porque sin esa marca personal el PP nunca habría gobernado Andalucía con mayoría absoluta, y después de este acuerdo con la ultraderecha cuesta imaginar que vuelva a conseguirlo. “Andalucía no estaba preparada para pasar de votar al PSOE, que gobernó 37 años seguidos, a votar al PP. Era necesaria una marca personal que sirviera de puente”, decía en campaña uno de los hombres del presidente.
El aura de moderación y centralidad de Juanma Moreno se ha basado siempre en un espejismo político raro: que la política podía no ser ideológica. Que se puede gobernar sin ideología o que se puede “encapsular” la ideología, o suplantarla por conceptos menos envenenados, como el “sentido común”, lema de campaña de Vox en las pasadas andaluzas.
El pacto con la ultraderecha destila ideología de ultraderecha, y Moreno sabe que eso pincha en el músculo dormido de la izquierda. “Esto lo cambia todo. Empieza una nueva partida. Se acabó la marca Juanma”, anunció el viernes María Jesús Montero ante el comité director del PSOE andaluz, para subrayar que la extrema derecha vuelve a gobernar en Andalucía “por primera vez desde el franquismo”.
Juanma Moreno ha sabido alimentarse de la desafección política vendiéndose como un líder no político, un oxímoron si atendemos la famosa cita de Aristóteles: “el hombre es un animal político”. Pero un oxímoron de éxito con el que la derecha logró gobernar en Andalucía después de 37 años ininterrumpidos del PSOE en el poder.
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Moreno admite "no estar contento" tras el pacto con Vox por no gobernar en solitario en Andalucía
El líder del PP andaluz defiende que tomó la decisión de pactar con la extrema derecha para evitar una repetición electoralEl PP de Feijóo da un paso más en su entendimiento con la ultraderecha con la claudicación de Moreno ante Vox
El recién reelegido presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, ha manifestado que espera una legislatura “estable y cordial” con Vox, tras el acuerdo con esta formación para su investidura, pero ha admitido “no estar contento” por no poder gobernar en “solitario”.
En declaraciones a la 'Cadena Cope', recogidas por Europa Press, Moreno se ha pronunciado así un día después de haber sido investido presidente de la Junta por el Pleno del Parlamento, con los votos de PP-A y Vox. Juanma Moreno ha confiado en que sea una legislatura “estable, que dure los cuatro años que corresponde; que sea fructífera” para acometer las reformas que son necesarias en Andalucía, y que sea cordial entre los dos partidos del gobierno.
“Al final, gobernar es muy difícil, tiene uno muchos sinsabores y hay muchas incertidumbres a las que enfrentarse”, según ha apuntado Juanma Moreno, para quien, por ello, se requiere que haya “un ambiente de cordialidad y de positividad” en el gobierno.
Juanma Moreno ha admitido que él no está “contento por una razón”, porque su objetivo era gobernar en solitario tras el resultado de las elecciones del 17 de mayo, en las que el PP-A obtuvo 53 escaños, quedándose a dos de la mayoría absoluta.
No obstante, ha manifestado que si no llega a cerrar un acuerdo con Vox, Andalucía hubiera estado abocada a nuevas elecciones el 25 de octubre, lo que hubiera supuesto estar sin gobierno más de medio año. “Y yo he pensado que el interés general estaba por encima de mi interés, y no sé si me he equivocado o no, pero he pensado que el interés general de los andaluces es que hubiera estabilidad y gobierno por encima de mi interés particular”, ha expuesto.
De hecho, ha reconocido que pensó en la opción de convocar nuevas elecciones para que, de alguna manera, su “interés particular”, su “vanidad” y sus “principios” quedarán a salvo, pero era más importante el “interés general” de los casi nueve millones de andaluces.
Juanma Moreno ha puesto en valor las 150 medidas que se recogen en el documento del acuerdo con Vox, que han sido “muy negociadas”, y ha expresado que tiene “una visión de la política de concordia y de buscar siempre puntos de encuentro”.
“Yo soy presidente y soy el que marca un poco el ritmo del gobierno y yo no voy a cambiar”, ha indicado, quien ha indicado que no es el primer presidente de la Junta que llega a pactos de gobierno con otra formación, algo que ya hicieron anteriormente los socialistas Manuel Chaves y José Antonio Griñán.
“Yo sé negociar, sé dialogar y, por tanto, a lo que aspiro es que en este gobierno podamos llegar a hacer lo que hemos sido hasta ahora, un gobierno donde la mayoría de los ciudadanos se sientan representados y la mayoría de sus intereses sean defendidos”.
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El PP de Feijóo da un paso más en su entendimiento con la ultraderecha con la claudicación de Moreno ante Vox
El presidente andaluz asume la “prioridad nacional” que despreció en campaña, renuncia a la repetición electoral que planteó para no meter a los ultras en su gabinete y anula la promesa de Feijóo de gobernar en solitarioEl pacto PP-Vox en Andalucía que consagra la 'prioridad nacional' a la que Moreno llamaba “literatura”
Lo anunció Alberto Núñez Feijóo al filo de las diez de la mañana de este jueves, varias horas antes de hacerse oficial, durante un curso de verano: el PP y Vox habían cerrado un acuerdo en Andalucía. Solo quedaba pactar el papel de la ultraderecha en el próximo gabinete de Juan Manuel Moreno. La confirmación llegó poco antes de la segunda votación de investidura: “prioridad nacional” y Gobierno de coalición. El penúltimo bastión del autodeclarado “PP moderado” ha caído y ha confirmado la dependencia que los de Feijóo tienen de Santiago Abascal y su partido.
En realidad es la segunda vez que Moreno se sirve de Vox para gobernar. En 2018 perdió las elecciones contra Susana Díaz, pero sumó con Ciudadanos y los ultras para desbancar al PSOE. Los siguientes comicios, en 2022, le catapultaron hasta una mayoría absoluta achacable a la casualidad aritmética que hizo que un puñado de votos bien distribuidos le dieran cuatro diputados en el último suspiro del recuento.
Este 2026, la moneda cayó del otro lado. Moreno no ha sido el único barón autonómico del PP que pensaba tener en su mano la mayoría absoluta. Antes que él se sometieron a las urnas María Guardiola, Jorge Azcón y Alfonso Fernández Mañueco, con el convencimiento de poder desembarazarse de sus aliados naturales y de alcanzar ese paraíso para un político que es tener el control parlamentario total.
Tras el fiasco de Moreno, al PP le quedan ya solo tres mayorías absolutas. Alfonso Rueda, en Galicia, y Gonzalo Capellán, en La Rioja, mantienen un aura de cierta moderación. El riojano se ha caracterizado en esta legislatura por tener una posición propia en algunos asuntos centrales, como la financiación autonómica. También Rueda se puede permitir el lujo de desmarcarse de algunos pronunciamientos de su partido ante las dificultades de Vox de penetrar en el electorado más allá del Bierzo. La tercera baronesa ‘libre’ es Isabel Díaz Ayuso, que renunció por voluntad propia hace ya mucho a presentarse como “moderada”.
Feijóo, más escorado a la derecha
El mini ciclo electoral, ideado por el PP precisamente para mostrar la capacidad de Feijóo de orillar a Vox, ha servido justo para lo contrario. Feijóo, quien hace ahora exactamente un año se comprometió formalmente ante todo su partido a gobernar en solitario, se enmendó a sí mismo en ‘prime time’ hace apenas unos días: “En el caso de que tengamos que hacer un acuerdo y una coalición de gobierno, nos sentaremos y haremos una coalición de gobierno”.
Para entonces ya había comenzado la negociación en Andalucía, y Moreno era consciente de que iba a tener que desdecirse en dos de sus principales planteamientos durante la campaña electoral del pasado mes de mayo.
El primero, el de asumir la “prioridad nacional”. Moreno dijo en campaña que era un “eslogan efectista”. Sostuvo que era “irreal” e “ilegal”. Pero tras perder la mayoría absoluta el barón andaluz ya no es todo lo libre que era, y no ha podido, o no le han dejado, rechazar lo que han ido firmando, uno a uno, sus compañeros de partido en Extremadura, Aragón y Castilla y León.
Aunque Moreno no quería la prioridad nacional, hace ya días que sus portavoces comenzaron a deslizar que no tenían inconveniente en asumirla. Más bien, no tenía posibilidad de quitársela de encima: la dirección del PP no iba a permitir un desmarque así de sus compañeros de partido. La intervención del secretario general, Miguel Tellado, fue clave para cerrar los acuerdos previos. En ellos se estableció un marco estatal que Moreno no ha podido eludir.
Más convencidos estaban en el PP andaluz de poder librarse de compartir gobierno con Vox. Cuando en 2024 Abascal ordenó a los suyos salir de los ejecutivos autonómicos, en la sede nacional del PP de la madrileña calle de Génova se vieron amplias sonrisas. Fue el empujón para que Feijóo lanzara su plan de gobernar en solitario.
Pero no había pasado un año cuando las encuestas comenzaron a reflejar lo acertado de la estrategia definida por el asesor en la sombra de Abascal, Kiko Méndez Monasterio.
El giro “lepenista” de Vox, que ha optado por centrarse en el discurso racista para ganar adeptos, ha dado resultado. Y ha forzado a Feijóo a escorarse.
El último ejemplo es la mal llamada ‘ley de nietos’, un proceso extraordinario incluido en la Ley de Memoria Democrática para que los descendientes de españoles emigrados puedan reclamar la nacionalidad de sus padres o abuelos.
La norma se aprobó en 2022. Ni el PP ni Vox señalaron entonces que esta vía de nacionalización fuera un problema y lo obviaron en sus intervenciones parlamentarias. Ese mismo año, el Ministerio de Justicia aprobó una instrucción con los detalles del proceso. Ahora, casi un lustro después, las derechas han puesto el grito en el cielo y alientan las sospechas de una conspiración del Gobierno para cometer un fraude en las próximas elecciones generales.
Feijóo ha pasado de defender una ampliación de la ‘ley de nietos’ que fuera más allá de los exiliados del franquismo a echarse las manos a la cabeza porque el Gobierno hizo eso exactamente hace cuatro años.
Tanto el líder del PP como Abascal están también azuzando el bulo de que Sánchez quiere modificar el censo electoral con la regularización extraordinaria de personas migrantes, pese a que no podrán votar en el próximo ciclo.
Este mismo jueves, mientras anunciaba el acuerdo andaluz, Feijóo hizo un batiburrillo con todo para lanzar un mensaje que se diferencia poco en el fondo de lo que suele decir Vox. “España no está preparada para atender a 50 millones de personas”, afirmó. “Nuestros servicios no tienen dimensión para atender un incremento [así]de población”, añadió.
Y continuó. “Si sumamos el número de inmigrantes desde 2019” que Feijóo cifró “en cuatro millones”, más “1,3 millones de la regularización ya nos vamos a 5,3 millones”. “Y si sumamos los dos millones y medio de lo que el Gobierno llama nietos, que no son nietos solo, estamos ya en siete u ocho millones de ciudadanos”, dijo. Feijóo zanjó: “Siete u ocho millones de ciudadanos en siete años no hay país que lo resista desde el punto de vista social, desde el punto de vista de bienestar y desde el punto de vista cultural”.
Es un paso más de Feijóo en su ambivalente competencia con Vox. Si en 2022 despreció a los de Abascal, en 2023 tuvo que asumir cinco gobiernos autonómicos y el bloqueo a su investidura por sus aproximaciones a la extrema derecha. En 2024 asumió el discurso ultra que relaciona inmigración con delincuencia, y desde finales de 2025 ha señalado que también está en riesgo la “identidad” española.
Ahora todas estas afirmaciones toman cuerpo en ese significante que es la “prioridad nacional”, que José María Aznar quiere sustituir por “mayoría nacional”. Los gobiernos autonómicos de PP y Vox ya han comenzado a desarrollar este concepto en forma de políticas concretas, pero de momento no se puede apreciar los efectos que tendrá en toda su magnitud.
Desde este jueves, cuando Moreno fue investido presidente por tercera vez, Andalucía será una región más que servirá para comprobar hasta dónde están dispuestos a llegar PP y Vox en su aplicación.
La extrema derecha tendrá menos peso numérico que en otras comunidades, ya que también obtuvo menos diputados. Su líder, Manuel Gavira, será vicepresidente con una supercartera que aunará Justicia, Turismo, Administración Local y Desregulación.
El PP de Feijóo saludó el acuerdo en un comunicado en el que se mostraron “satisfechos” de lo pactado. “Salimos más fuertes, reforzados en todos nuestros enfrentamientos electorales con el PSOE, y más preparados que nunca para volver a medirnos con el 'sanchismo' en las urnas”, zanja el PP en su comunicado. Lo harán con Vox en todas sus fotos.
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Moreno da paso a Vox en su Gobierno tras canjear la "prioridad nacional" por cuatro años de presupuestos
Juanma Moreno Bonilla ha sido investido presidente este jueves y vuelve al punto de partida. El dirigente que alcanzó el poder en 2018 gracias a la extrema derecha y que cuatro años después convirtió su mayoría absoluta en el símbolo de un PP capaz de gobernar sin depender de los ultras, ha abierto las puertas del Consejo de Gobierno a Vox por primera vez. Concretamente, el portavoz de la formación ultra, Manuel Gavira, ostentará una vicepresidencia y asumirá las competencias de turismo, desregulación, justicia y Administración local, aunque aún está por ver a través de cuántas consejerías. Una decisión que supone un cambio de etapa en Andalucía y consolida la estrategia de pactos impulsada por la dirección de Alberto Núñez Feijóo en el nuevo ciclo electoral.Moreno defendió ante los medios que el pacto responde al resultado electoral del 17M, que dejó al PP como fuerza preferida en más de 600 municipios, pero sin mayoría suficiente para gobernar en solitario. “Sin mayoría en los gobiernos lo que hay es desgobierno”, admitió. El acuerdo incluye un compromiso de estabilidad para toda la legislatura, la aprobación de los cuatro presupuestos y un programa con 150 medidas. Un acuerdo que el presidente andaluz definió como “potente, minucioso, sereno y sensato” y que le permitió ser investido por tercera vez gracias a los diputados ultras.Así, Vox ha logrado convertir en condición irrenunciable su entrada en el Ejecutivo, además de dos senadores por designación autonómica y una vicepresidencia en el Parlamento, frustrando el objetivo inicial de Moreno de gobernar en minoría con un acuerdo parlamentario. Asimismo, el PP ha aceptado incorporar al pacto uno de los principales emblemas ideológicos de Santiago Abascal: la consigna xenófoba de la "prioridad nacional", aunque la han tratado de revestir con fórmulas jurídicas distintas, como el concepto de "arraigo", para intentar minimizar el choque con el ordenamiento vigente.El documento andaluz comparte la misma filosofía que los acuerdos ratificados en Castilla y León, Aragón y Extremadura, aunque en este último acuerdo se concreta más en algunos ámbitos, especialmente en inmigración. Entre las medidas, además de la “prioridad nacional” en el acceso a determinados servicios, figura una auditoría anual “de todos los gastos derivados de la inmigración masiva”, la supresión de ayudas públicas a entidades que favorezcan la inmigración irregular, las restricciones de acceso a vivienda pública para inmigrantes en situación irregular, el rechazo al reparto obligatorio de menores migrantes entre comunidades, la “supresión de ayudas a ONG que favorezcan la inmigración irregular” y la prohibición del uso del burka y el niqab en edificios públicos dependientes de la Junta.Otra de las medidas que acompaña el acuerdo es la “creación de un servicio de Verificación del Fraude prestacional y del Padrón y la Residencia Efectiva” y la “reforma del padrón municipal para combatir el fraude y la ocupación ilegal”. Asimismo, incorpora la supresión del Programa de Lengua Árabe y Cultura Marroquí y la aprobación de una “ley de familias” para “fomentar la natalidad”, medidas que también aparecen en los pactos de Castilla y León, Aragón y Extremadura. El acuerdo también incorpora la línea más ideologizada de Vox en lo que respecta al medio ambiente. Así, rechaza de manera explícita el Pacto Verde Europeo, reclama la revisión de la Política Agraria Común, se opone al acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur, apuesta por ampliar los regadíos, acelerar nuevas infraestructuras hidráulicas y defender el principio de las denominadas "cláusulas espejo" para las importaciones agrícolas.Tras las elecciones del 17M, en las que Moreno se quedó a dos escaños de la mayoría absoluta, pasaron 23 días hasta que el PP andaluz inició los contactos con los ultras. El barón del PP insistió entonces en que Andalucía necesitaba un acuerdo "justo y razonable" y marcó distancias con algunas de las exigencias de Vox. Entre ellas figuraba precisamente la prioridad nacional, que sus compañeros de partido habían aceptado, pero que Moreno había tachado de mero eslogan político difícilmente compatible con el marco legislativo español. La evolución de las conversaciones refleja hasta qué punto el equilibrio de fuerzas ha cambiado tras las elecciones. Sin margen para buscar una abstención del PSOE o de las formaciones de izquierda, Moreno quedó políticamente obligado a entenderse con los 15 diputados de Vox. Tras una primera investidura fallida, el presidente andaluz ha acabado incorporando uno de los principales elementos más ideológicos del programa de Vox, además de incluirlos también en el Ejecutivo, pese a las dudas de algunas voces de la formación de Abascal, por la magnitud del presupuesto.Moreno había intentado frenar la incorporación de Vox al Gobierno andaluz, tanto en campaña como después. El presidente andaluz construyó buena parte de su perfil político sobre una imagen de moderación diferenciada tanto del sanchismo como de la estrategia de confrontación de Vox. Su mayoría absoluta en 2022 reforzó precisamente ese relato, el de un dirigente capaz de gobernar sin depender de la extrema derecha, lo que le encumbró como una de las referencias del PP con un modelo diferente al de la madrileña Isabel Díaz Ayuso.El pacto alcanzado este jueves rompe de manera definitiva esa narrativa. Andalucía dejará de ser la excepción dentro del mapa autonómico del PP para sumarse al modelo de gobiernos compartidos que ya existe en otras comunidades donde Vox ocupa consejerías. Y, aunque las conversaciones se han desarrollado formalmente entre las direcciones andaluzas de ambos partidos, la negociación siempre ha tenido una dimensión estatal. La dirección nacional del PP ha seguido muy de cerca las conversaciones por las implicaciones que tienen para la estrategia de Feijóo de cara a las próximas generales. También Vox ha negociado pensando en Madrid. La formación de Santiago Abascal quería evitar un acuerdo de mera investidura que reprodujera la situación de 2019 y aspiraba a consolidar un modelo de coalición semejante al de otros gobiernos autonómicos, donde su presencia en el Ejecutivo garantiza capacidad de influencia durante toda la legislatura.Vox aspiraba a controlar departamentos con peso político —especialmente Agricultura, además de áreas sociales y culturales— y reclamaba una vicepresidencia, como finalmente ha ocurrido. Aunque no consigue Agricultura, Gavira sí tendrá competencias en diferentes materias clave. El PP intentó limitar tanto el número de consejerías como el contenido de las competencias, consciente de que determinadas áreas tienen una elevada sensibilidad económica y política en Andalucía.Más allá del reparto de sillones, el acuerdo supone un cambio de paradigma para el PP. El pacto andaluz refuerza la normalización de las coaliciones PP-Vox en las principales instituciones territoriales y convierte a Andalucía —la comunidad más poblada del país— en el mayor escaparate de esa fórmula. El mismo Moreno que quería preservar la imagen de “gestor moderado” que ha cultivado durante dos legislaturas, compartirá gobierno con una formación que ha convertido la inmigración, la "prioridad nacional" y la confrontación cultural en algunos de sus principales ejes políticos.
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El fútbol acelera los tiempos de la investidura de Moreno e impide a la oposición conocer el contenido del acuerdo PP-Vox
Acostumbrémonos a esta aritmética. 68 votos a favor, la suma entre los diputados de PP y Vox, han posibilitado que la sesión de investidura de Moreno Bonilla haya salido adelante -a la segunda- y por tanto quede elegido como próximo presidente de la Junta de Andalucía. Así lo ha expresado el presidente del Parlamento, Jesús Aguirre, al término del conteo, para alegría de muchos y disgusto de otros. Especialmente, el del consejero de Turismo en funciones, Arturo Bernal, cuya expresión facial, corporal y vocal al emitir su voto afirmativo en el Parlamento evidenciaba que, o bien no se vio venir que Vox asuma sus competencias o, en caso de conocerlo antes del anuncio, no le ha sentado especialmente bien. Veremos si es recolocado. La sesión plenaria ha durado exactamente 13 minutos. Con una puntualidad cuasi suiza a la que pocas veces nos tienen acostumbrados en el entorno del antiguo Hospital de las Cinco Llagas daba comienzo la sesión que ha posibilitado la investidura de Moreno. Minutos antes, tanto el presidente andaluz en funciones como el próximo vicepresidente del Gobierno, Manuel Gavira, protagonizaron una comparecencia para explicar los puntos fundamentales del acuerdo alcanzado entre formaciones. Entre estos, Vox asumirá la consejería que más presupuesto gestiona en la Junta, Turismo, en una suerte de macroconsejería: Turismo, Desrregulación, Justicia y Administración Local. Estas competencias serán asumidas por Gavira, que también ostentará la vicepresidencia del Gobierno. Vox también formará parte de la Mesa del Parlamento andaluz, con una vicepresidencia que actualmente ocupa Ana Mestre (PP), y se le ha otorgado la posibilidad de seleccionar uno de los cinco senadores de designación autonómica. Asimismo, el acuerdo, catalogado por Moreno como un acuerdo de "legislatura", que no de "investidura", incorpora una cláusula en la que Gavira se compromete a aprobar los cuatro próximos presupuestos, con el objetivo de dar "estabilidad". El acuerdo La breve sesión plenaria ha estado marcada por un notable enfado de la oposición. La noticia de que Moreno iba a ser investido este jueves se ha conocido este mismo jueves, anunciada por Feijóo en una comparecencia, algo que ha enfadado mucho a los portavoces de PSOE-A, Adelante Andalucía y Por Andalucía. Según los partidos de izquierdas era imperante que, tras el "teatro" protagonizado por ambas formaciones desde el 17M, presentaran el acuerdo al Parlamento para conocer el fondo del mismo. Sin embargo, se lamentaban Montero, García y Maíllo, lo acabarán conociendo por la prensa. El motivo, se susurraba entre los pasillos del Parlamento, no es otro que el fútbol. Esta noche España disputa la fase de dieciseisavos del Mundial ante Austria. El encuentro tendrá lugar a las 21:00 horas. Ya en la primera sesión de investidura, el pasado martes, se rumoreaba que no acabaría más tarde de las 19:00 horas, para que así la que se ha celebrado hoy no se prolongara mucho tiempo, dado que sus señorías tenían que ver el fútbol. Era el tema de conversación entre bambalinas, medio en broma, medio en serio, pero que encerraba una poderosa verdad. La...
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Moreno Bonilla, investido presidente de la Junta de Andalucía con los votos de Vox
El presidente en funciones de la Junta y candidato del Partido Popular (PP) a la reelección, Juanma Moreno Bonilla, ha logrado ser investido este jueves como jefe del Ejecutivo andaluz en la XIII legislatura, en la segunda votación que se ha llevado a cabo ante el Pleno del Parlamento, al haber contando con los apoyos de los 15 diputados de Vox, con quien su partido ha cerrado un acuerdo de gobierno. Cerca de las 18:30 horas, el reelegido presidente de la Junta de Andalucía y el portavoz de la extrema derecha en el Parlamento andaluz, Manuel Gavira, han firmado el 'Acuerdo de Gobierno y Estabilidad para Andalucía', con lo que abren la puerta del Gobierno autonómico a la formación de Santiago Abascal. El documento, que consta de 150 medidas, incluye la incorporación Gavira como vicepresidente y consejero de Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local. Asimismo, Vox contará con un senador por designación autonómica y la Vicepresidencia Primera de la Mesa del Parlamento andaluz. Concretamente, en esta segunda votación, Moreno Bonilla ha logrado el apoyo de 68 diputados, los 53 del PP y los 15 de Vox, mientras que ha vuelto a contar, como ocurrió en la primera votación desarrollada el martes, con el voto en contra de los 41 diputados de los tres grupos de la izquierda, PSOE, Adelante Andalucía y Por Andalucía. Andalucía es la cuarta comunidad autónoma en la que, en los últimos meses, se cierra un acuerdo de gobierno entre PP y Vox. Así ha ocurrido también en Extremadura, Castilla y León y Aragón. En sus negociaciones con los populares, la extrema derecha siempre ha puesto sobre la mesa que quería en Andalucía lo mismo que en esas otras comunidades, esto es, entrada en el gobierno e incluir en el acuerdo la "prioridad nacional". Para la votación de este jueves, que se ha producido 48 horas después de la primera, como marca el Reglamento de la Cámara, requería al menos, la mayoría simple del Parlamento, esto es más 'síes' que 'noes'. Moreno es el tercer presidente de la Junta que no logró ser investido en una primera votación, algo que ya le ocurrió en una ocasión al socialista Manuel Chaves, que fue investido en tercera votación en julio de 1994, y a la socialista Susana Díaz, cuando fue investida presidenta en cuarta votación en junio de 2015. Moreno Bonilla minimiza la 'prioridad nacional' de Vox Al hilo de todo ello, el reelegido presidente de la Junta de Andalucía ha defendido este jueves que el pacto cerrado con Vox para su investidura es "razonable, sensato y legal" y ha minimizado el alcance del principio de prioridad nacional en el acceso a las ayudas públicas incluido en el acuerdo con el argumento de que "básicamente es el arraigo que ya se viene incorporando en nuestra propia administración". Moreno se ha pronunciado de este modo a preguntas de los periodistas tras firmar el acuerdo con el portavoz parlamentario de Vox y futuro vicepresidente de la Junta que reproduce la misma...
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El pacto PP-Vox en Andalucía asume las tesis de la extrema derecha: "rechazo frontal" a niños migrantes y sin referencias a violencia machista
A través de 150 medidas, el acuerdo consolida concesiones ideológicas del PP a Vox, como el rechazo frontal a la Agenda 2030 o la creación de una nueva Ley de Concordia. El líder de la extrema derecha será vicepresidente con una súper cartera: la consejería de Turismo, Administración Local y JusticiaJuanma Moreno, investido presidente de Andalucía tras un pacto con Vox : “¿La prioridad nacional? Eso existe ya en nuestra administración”
Apenas 30 minutos antes de la votación de investidura de Juanma Moreno, los líderes del PP y Vox en Andalucía han sellado su acuerdo de gobierno que consagra la 'prioridad nacional', un concepto de la extrema derecha que el PP ya había abrazado en Extremadura, Aragón y Castilla y León. Durante la campaña, llegó a definir la 'prioridad nacional' como “literatura” de Vox para su electorado y, también, como un “lío”. Mediante este pacto, Manuel Gavira, líder de la formación de extrema derecha, asumirá la consejería de Turismo, Administración Local y Justicia, un cargo que además tendrá rango de vicepresidencia.
En rueda de prensa, Moreno y Gavira han escenificado la firma del Acuerdo de Gobierno y Estabilidad para Andalucía. Ante la falta de una mayoría absoluta, Moreno ha justificado el pacto señalando que “la dinámica parlamentaria te lleva a llegar a acuerdos” para evitar una parálisis autonómica y nuevas elecciones. Sin embargo, para lograr esta estabilidad, el PP ha tenido que asumir gran parte del programa de Vox, admitiendo el propio Moreno que, pese a tener “sensibilidades diferentes”, han realizado un “esfuerzo de aproximación”.
En el plano institucional, la principal concesión es la entrada de Vox en el Ejecutivo. La formación asumirá la citada Consejería de Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local, la cual estará dotada con rango de Vicepresidencia con Gavira al frente.
El giro migratorio y la 'prioridad nacional'
El documento refleja un endurecimiento radical en materia de extranjería, asumiendo las tesis de Vox. Pese a que Moreno en campaña recordaba que era absurdo debatir sobre inmigración porque las Comunidades Autónomas no tienen competencias, ha abrazado el discurso de Vox de principio a fin y la inmigración es el segundo punto del acuerdo. El pacto decreta un “rechazo frontal” a la llegada de “más menores extranjeros no acompañados (MENA)” y estipula la “supresión total” de subvenciones a ONG que, según el texto, “favorezcan la inmigración ilegal”. Además, se prohíbe el uso del burka y el nicab en los espacios públicos autonómicos.
La gran victoria discursiva de Vox cristaliza en el blindaje de la llamada 'prioridad nacional', sobre la que el texto dice literalmente: “El acceso a todas las ayudas, subvenciones y prestaciones públicas se inspirará en el principio de prioridad nacional, que procure la asignación prioritaria de los recursos públicos a quienes mantienen un arraigo real, duradero y verificable con el territorio”. Este mismo principio rector se aplicará para el acceso a la vivienda protegida y al alquiler social.
Sin rastro de la violencia de género
No hay en el pacto ninguna mención a la “violencia machista” ni a la “violencia de género”. El documento del acuerdo entre PP y Vox no recoge ninguna medida, plan o apartado dedicado a combatir o abordar específicamente este tipo de violencia.
Las únicas referencias directas a la “mujer” en el texto del pacto se limitan a dos aspectos muy específicos: la citada prohibición del burka y el nicab en espacios públicos autonómicos, (justificando que son prácticas que “invisibilizan a la mujer y vulneran los valores de igualdad y dignidad) y la puesta en marcha de un ”Plan Integral de Apoyo a la Mujer Embarazada“. No hay tampoco ninguna mención al colectivo LGTBIQ+.
Negacionismo climático
Pese a las diferencias de visión que separaban a ambos partidos en temas como la Agenda 2030, el PP ha accedido a “blindar” al sector primario frente a los “aspectos negativos” de dicha agenda y a rechazar explícitamente “las imposiciones de agendas ideológicas” en el cuidado del medio ambiente, declarando a Andalucía libre de las cargas del Pacto Verde. Al rechazar la “condicionalidad climática del Pacto Verde” europeo Moreno asume directamente el negacionismo climático de Vox. También rechaza el pacto la reforma de la Política Agraria Común (PAC) para el periodo 2028-2034, argumentando que encarece la producción sin ofrecer contrapartidas.
En el ámbito de la 'batalla cultural', las cesiones a Vox también son notables. El Gobierno andaluz pondrá fin al Programa de Lengua Árabe y Cultura Marroquí en los colegios –como ya ha ocurrido en la Murcia de López-Miras y va a suceder en la Extremadura de María Guardiola– alegando que es un intento de “diluir nuestra identidad”,.
En contrapartida, el pacto se compromete a promocionar activamente la tauromaquia y la caza. Asimismo, se comprometen a proteger la ganadería brava, las escuelas taurinas y las plazas de toros frente a cualquier intento de discriminación ideológica o de exclusión de las políticas públicas
Finalmente, ambas formaciones han acordado impulsar una “Nueva Ley de Concordia” que derogará y sustituirá a la actual normativa andaluza en materia de memoria histórica. El documento incluye la Memoria Histórica en el apartado de “Leyes Ideológicas”.
Derogación de los impuestos a los vertidos y a las bolsas de plástico
La Fiscalidad es la primera materia que aborda el pacto. Se trata de un aspecto en el que PP y Vox han encontrado un amplio campo de encuentro basado en la supresión y/o rebaja de impuestos. El pacto contempla reducir la cuota autonómica del IRPF en el 0,25% en los tramos de menos de 60.000 euros cada año, hasta un punto porcentual a final de legislatura. Además, se prevén nuevas deducciones por nacimiento o adopción. En el Impuesto de Sucesiones y Donaciones se prevé una nueva bonificación para ladquisición de vivienda habitual entre hermanos, “primer paso” para ampliar la bonificación del 50% a los colaterales de segundo y tercer grado (tíos y sobrinos) “si la evolución de la recaudación del impuesto lo permite”.
Vox también ha impuesto su agenda cultural en materia fiscal, con el incremento de la deducción por familia numerosa de 200 a 300 euros y, en especial, con la previsión de suprimir tres tributos propios en materia ambiental: el que se impone a las bolsas de plástico, el de emisión de gases y el de vertidos a aguas litorales. El objetivo de esta supresión, dice el pacto, es “rerducir la presión fiscal, simplificar el sistema tributario y aliviar las cargas” sobre familias, empresas y autónomos.
Este es el pacto de Gobierno firmado por Moreno con Vox con 150 medidas:
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Moreno, investido presidente de Andalucía tras un pacto con Vox que asume la vicepresidencia
Los líderes de PP y Vox firman un acuerdo de gobierno media hora antes de la votación de investidura de Juanma Moreno que entrega a la ultraderecha la consejería de Turismo, Administración Local y Justicia, con rango de vicepresidencia, que ocupará Manuel GaviraPP y Vox cierran el pacto en Andalucía: Moreno mete a la extrema derecha en su Gobierno y acata la 'prioridad nacional'
El Parlamento andaluz ha aprobado, con los 68 votos que suman PP y Vox, la investidura de Juanma Moreno como presidente de la Junta en el que será su tercer mandato. Moreno ha sido reelegido en segunda votación, tras firmar (media hora antes) un acuerdo político con la ultraderecha que asimila postulados xenófobos (incluida la polémica “prioridad nacional”) y mete en su Gobierno a los de Santiago Abascal, con una vicepresidencia.
El barón popular, referente de la derecha moderada, sale de la segunda votación con un acuerdo estable para los próximos cuatro años, pero con su perfil político seriamente herido, como evidenciaba su rostro desencajado durante la firma del pacto. En sus primeras palabras, destacó que el acuerdo con Vox era “legal” y repitió tres veces la palabra “sereno”. Moreno tomará posesión previsiblemente el domingo o el lunes en el Palacio de San Telmo, tras informar de su reelección al rey Felipe VI, y nombrará un gobierno con 12 carteras la semana que viene.
Pasados unos minutos de las cuatro de la tarde, PP y Vox cerraron el acuerdo de gobierno en Andalucía, que consolida el binomio de las derechas y cierra el ciclo electoral que empezó en Extremadura, Aragón y Castilla y León. El documento, aún sin hacerse público, allanó la segunda votación de la investidura de Moreno, programada para sólo media hora más tarde en el Parlamento.
El propio Moreno y el portavoz andaluz de Vox, Manuel Gavira, comparecieron ante los medios para firmar lo que han llamado “Acuerdo de Gobierno y Estabilidad para Andalucía” y hacer las primeras valoraciones como futuros socios de gobierno.
En ese momento se ha revelado que Vox ocupará sólo una cartera en el Ejecutivo de Moreno, la consejería de Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local, con rango de vicepresidencia, que ocupará Gavira, con un presupuesto anual en torno a los 1.200 millones de euros.
A diferencia de los pactos de Extremadura, Aragón y Castilla y León, la ultraderecha no se hace con la consejería de Agricultura, Ganadería y Pesca -que en Andalucía moviliza más de 2.000 millones- ni ninguna cartera social. El PP les cederá uno de sus cinco senadores autonómicos y un puesto en la Mesa del Parlamento -la vicepresidencia-, con lo que mantendrán la mayoría absoluta en el órgano que rige los tiempos y las prioridades legislativas durante el mandato.
“¿La prioridad nacional? Eso ya existe en la Administración”
El documento, de 60 páginas y 150 medidas con plazos concretos de ejecución, se distribuyó después de la firma, aunque las primeras preguntas que recibió Moreno de los periodistas giraron en torno al concepto de “prioridad nacional” que incluye el acuerdo en los mismos términos que en el resto de comunidades. “Eso ni se ha negociado, se aceptó así desde el principio”, dice una persona próxima al presidente andaluz.
El líder popular, que en campaña calificó este concepto antiinmigrante como un “eslogan vacío”, empezó la reinterpretación del mismo, señalando que “la prioridad nacional es arraigo, que ya viene en nuestra administración”. “Eso existe ya, ya se está practicando, y se va a reforzar en algunas políticas, como vivienda y servicios públicos”, ha asegurado.
En realidad, la definición de arraigo en el acuerdo no es asimilable a la que existe en la Administración ahora mismo. El concepto de Vox, asimilado hoy por Moreno, significa que determinadas prestaciones y ayudas públicas beneficiarán antes a los ciudadanos españoles que a los inmigrantes.
El arraigo se medirá según el tiempo que lleven viviendo y trabajando en Andalucía. Para amortiguar este concepto xenófobo, los populares han includo el el acuerdo un preámbulo donde se destaca que “la dignidad inherente a todo ser humano es un postulado irrenunciable y un compromiso ético absoluto y permanente para los firmantes de este acuerdo”. “La política social del Gobierno”, continúa el preámbulo, “estará fundamentada en los principios de justicia, legalidad y humanidad, que son los que defiende la Constitución Española y el Estatuto de Autonomía para Andalucía”.
Pero, acto seguido, y ya en el articulado del acuerdo, Moreno asume un viraje drástico en las políticas y el discurso sobre inmigrantes, asimilando los postulados más racistas de la ultraderecha: se reforzarán los controles del empadronamiento de la población extranjera, y se eliminará el Programa de Lengua Árabe y Cultura Marroquí en las escuelas andaluzas por aparentes razonesde inseguridad: “La Junta velará por la convivencia en los centros educativos (...) mostramos un rechazo explícito a cualquier programa de adoctrinamiento en las aulas y a cualquier injerencia extranjera o intento de diluir nuestra identidad”.
Además se propone un plan de retorno a sus países para los menores extranjeros no acompañados [MENAS, dice literalmente el texto], aunque la Junta carece de competencias para hacerlo unilateralmente ni para firmar acuerdos con los países de origen de esos menores.
Y en Sanidad, se anuncia una “auditoría anual del coste sanitario (directo e indirecto) derivado de la atención a extranjeros en Andalucía”, algo que ya pidió Vox en el Parlamento la pasada legislatura, y Moreno rechazó por “ilegal”. Ahora, sin embargo, se plantea la segregación de los enfermos por su origen y nacionalidad, separando el coste de un enfermo andaluz de otro extranjero y “diferenciando, en la medida en que lo permita la legislación vigente, entre residentes legales, desplazados temporales, personas sin residencia legal acreditada, asistencia urgente, farmacia, hospitalización, Atención Primaria, urgencias, partos, pruebas diagnósticas y atención especializada”.
Eliminan impuestos ambientales y el 50% de ayudas a los sindicatos
Moreno ha firmado el pacto con Gavira en una sala de la primera planta del Parlamento andaluz, rodeado de cámaras y fotógrafos, y con el rostro desencajado. Luego han comparecido juntos en el pasillo del comedor y, ante un micrófono de pie, ha respondido si este pacto con la ultraderecha emborrona su imagen de líder moderado y conciliador. “No”, ha respondido. “Vox es Vox y el PP es el PP. El Parlamento está representado por lo que los andaluces quieren”, ha insistido, y la extrema derecha tiene 580.000 votantes, “es la tercera fuerza en Andalucía y la segunda en Almería”.
La inmigración no es la única cesión que ha hecho el PP al partido de Santiago Abascal. En el acuerdo también se eliminan dos impuestos medioambientales y se replantea el discurso sobre la Agenda 2030 -de compromisos ambientales de la UE- que Vox siempre ha demonizado. También se recoge la eliminación del 50% de las subvenciones a la patronal y a los sindicatos, y se deja en ela ire el gasto para cooperación internacional.
También se contempla la derogación de la Ley andaluza de Memoria Histórica, aprobada en 2017 sin ningún voto en contra, para sustituirla por una “ley de Concorcia”. La aprobación de una “Ley de Familia” que “fomente la natalidad”, con ayudas sobre todo a las familias numerosas y con personas dependientes, además de “ayudas al nacimiento”, “campañas de apoyo a la maternidad”; en Cultura, promocionar “la tauromaquia, la caza y la pesca como atractivos turísticos”, además de un “plan del patrimonio cultural en riesgo”, en referencia a los toros.
La última medida del acuerdo es una “cláusula de lealtad institucional” que no está en el resto de pactos suscritos por el PP con Vox en otras comunidades: viene a garantizar que el partido de Santiago Abascal no romperá la disciplina de voto en el Parlamento ante cualquier medida que llegue del Gobierno de coalición, incluido los cuatro presupuestos autonómicos de la legislatura (tampoco las proposiciones de ley).
Con eso, Moreno busca asegurarse la estabilidad durante todo el mandato y evitar los sobresaltos a los que le sometió Vox en su primera legislatura, cuando eran socios externos y mantenían en vilo al Gobierno de PP y Ciudadanos en cada debate presupuestario.
En materia de fiscalidad, donde PP y Vox tienen más puntos en común, se presentan nuevas rebajas impositivas por valor de 325 millones de euros (1.300 millones a lo largo de la legislativa): además de desaparecer tres impuestos ambientales, se reducirá otra vez el IRPF y el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales.
Entre las medidas de educación destaca una suerte de 'prioridad nacional' en el menú escolar: “Defensa del producto andaluz y español en los comedores públicos. La Junta impulsará, dentro del marco legal de contratación pública, que los pliegos de los servicios de restauración en comedores escolares y públicos prioricen los alimentos de proximidad” frente a los extranjeros. Además “se incluirá la historia del terrorismo en España en los planes de estudio”, que ya existe, y la implantación “progresiva” de institutos privados concertados de Bachillerato, “priorizando la Educación Especial y la FP” a partir del próximo curso.
En Sanidad, se plantea desde el primer día una “auditoría y plan de choque para reducir las listas de espera quirúrgicas, diagnósticas y de consultas externas” y, antes de finalizar 2028, la “consulta el mismo día” en atención primaria para procesos agudos y pediatría. Pero el punto crítico es la apuesta rotunda por una mayor privatización -“colaboración público-privada”- del sistema sanitario en los primeros seis meses del mandato: “Se permitirá la colaboración con entidades privadas cuando sea útil para reducir listas de espera, pruebas diagnósticas o actividad asistencial demorada, pero siempre con contratos transparentes, precios auditables, indicadores de calidad, publicación de resultados, control público y cláusula de reversión si no se cumplen objetivos”.
La izquierda denuncia “ocultismo y fraude”
El PSOE de María Jesús Montero había forzado una reunión urgente de la Mesa de la Cámara, 15 minutos antes de la votación, para exigir que Moreno sometiese su investidura sobre la base del acuerdo de gobierno que acababa de firmar con la extrema derecha, y no del proyecto político en solitario que presentó el pasado lunes. Pero el reglamento del Parlamento no contempla esta posibilidad y el presidente Jesús Aguirre les ha tumbado la iniciativa.
Los grupos de izquierdas han desfilado antes de la firma del pacto entre PP y Vox para denunciar que se le estaba “ocultando” a los andaluces el programa y el reparto de poderes que habían negociado las fuerzas conservadoras para investir a Moreno. Todos han censurado el “oscurantismo” del acuerdo. Montero ha subrayado que “por primera vez desde el franquismo va a entrar la ultraderecha en el gobierno de Andalucía”.
Antonio Maíllo, líder federal de IU y portavoz de la coalición Por Andalucía, ha dado por muerta la llamada “vía andaluza”, el concepto que popularizó el presidente de la Junta para defender un estilo de hacer política moderado, conciliador y alejado de la bronca y el ruido. “Se acabó la vía andaluza”, dijo, “y no hay partido España-Austria que esconda el acuerdo reaccionario que van a firmar sólo media hora antes de que se vote”.
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Juanma Moreno, investido presidente de Andalucía con apoyo Vox
El popular Juanma Moreno ha sido reelegido este jueves por el pleno del Parlamento autonómico presidente de la Junta de Andalucía con los votos del PP y Vox poco después de que esta misma tarde los dos partidos hayan firmado un acuerdo de gobierno.La investidura se ha producido en una segunda votación, después de que el martes Vox votara en contra, y Moreno ha obtenido el apoyo de los 53 diputados del PP y los 15 de Vox, y el voto en contra de los 28 del PSOE, los 8 de Adelante Andalucía y los 5 de Por Andalucía.El acuerdo de las derechas han incluido el concepto de 'prioridad nacional' en el acuerdo que ambas fuerzas han suscrito para la gobernabilidad de Andalucía en la nueva legislatura, un pacto que da entrada a los de Abascal en el Ejecutivo regional con una consejería con rango de vicepresidencia.El pacto, que se ha conocido este jueves, poco antes de la votación de la investidura, recoge en su punto 18 de los 150 que contiene que se establecerá la "'prioridad nacional' en el acceso a las ayudas públicas", que pueden ser "ayudas, subvenciones y prestaciones públicas" ligadas a "un arraigo real, duradero y verificable con el territorio".Ese "arraigo" se medirá, dentro de la "legalidad vigente", con un "periodo mínimo reforzado de arraigo, empadronamiento y vinculación con el territorio" y ligado a la "trayectoria de cotización, permanencia y contribución al sistema".El pacto PP-Vox contempla también la "exclusión del acceso a prestaciones y servicios sociales estructurales a quienes se encuentren en situación irregular, limitando su acceso exclusivamente a supuestos de urgencia vital".El acuerdo recoge también en el punto 49 la 'prioridad nacional' en el "acceso a la vivienda protegida y al alquiler social", que se basa, como ocurre en el caso de las ayudas, en un "un arraigo real, duradero y verificable con el territorio" comprobable por el empadronamiento histórico en España de al menos diez años para la compra y cinco para el alquiler.Además, PP y Vox han acordado reforzar "los criterios de vinculación económica, social, familiar, laboral y formativa como elementos que evidencian la relación efectiva y afectiva del solicitante con el territorio" para "garantizar la estabilidad residencial, fijar población, fomentar la cohesión social, favorecer la consolidación de proyectos de vida" y facilitar la vuelta de los andaluces emigrados.Por eso se valorará "al menos, con sujeción a la legalidad, la trayectoria de cotización y actividad laboral, la existencia de familiares de primer grado residiendo en Andalucía, así como cualquier otro criterio que acredite vinculación real y duradera de los solicitantes con la región" y "todos aquellos perfiles más expuestos a la actual crisis de vivienda" como son jóvenes, "nuevos núcleos familiares, familias numerosas, unidades de convivencia con dependientes a cargo" y similares.El acuerdo recoge también la expulsión del sistema de VPO de quienes han sido condenados "como autores de delitos de allanamiento o usurpación de viviendas en los últimos 5 años".
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PP y Vox cierran el pacto en Andalucía: Moreno mete a la extrema derecha en su Gobierno y acata la 'prioridad nacional'
PP y Vox cierran un acuerdo de gobernabilidad similar al de Extremadura, Aragón y Castilla y León, que presentará Juan Manuel Moreno y el portavoz andaluz de la ultraderecha, Manuel Gavira, media hora antes de la segunda votación de investidura, en la que el popular saldrá reelegido presidente
Moreno, investido presidente de Andalucía tras un pacto con Vox que asume la vicepresidencia del nuevo gobierno
Documento - El pacto PP-Vox en Andalucía que consagra la 'prioridad nacional' a la que Moreno llamaba “literatura”
Juanma Moreno será investido presidente de la Junta de Andalucía este jueves, en segunda votación en el Parlamento, tras alcanzar un acuerdo in extremis con Vox muy similar al que la ultraderecha cerró con el PP en Extremadura, Aragón y Castilla y León.
El dirigente popular comparecerá en el Parlamento andaluz junto al portavoz andaluz de la ultraderecha, Manuel Gavira, media hora antes de esa segunda votación, para suscribir el llamado “Acuerdo de Gobierno y Estabilidad para Andalucía”, según han confirmado ambas formaciones en sendos comunicados a las 16.10 horas.
[ACTUALIZACIÓN: Moreno, investido presidente de Andalucía tras un pacto con Vox que asume la vicepresidencia del nuevo gobierno]
Moreno acató desde el inicio de las negociaciones el término antiinmigrante “prioridad nacional”, que venía allanado por otros tres barones populares y bendecido por la dirección nacional del PP, y también ha cedido a la entrada de Vox en su nuevo Gobierno.
En campaña electoral, el candidato popular alertó del “lío” que sería tener que negociar con la ultraderecha (“no tienen personal con experiencia en la administración” y minimizó la prioridad nacional a un “eslogan vacío” de dudosa legalidad. Tras ganar las elecciones del 17 de mayo y quedarse a dos escaños de la mayoría absoluta, siguió reclamando un Gobierno “en solitario” y pactos puntuales con Vox en el Parlamento. No ha logrado ni una cosa ni la otra.
La prioridad nacional significa, según la explicación de la ultraderecha, que las prestaciones y ayudas públicas beneficien antes a los ciudadanos españoles que a los inmigrantes. Lo que usarán para medir esta preferencia en el reparto de recursos públicos, intentando no tropezar con la Constitución, con el Estatuto de Autonomía y con la legislación, es el concepto de “arraigo”, esto es, el tiempo que llevan viviendo y trabajado en Andalucía.
El acuerdo programático que se firma este jueves contiene un centenar de medidas, recoge los puntos en común en materia fiscal y desregulación administrativa e introduce algunas propuestas ideológicas de Vox, pero deja abierta aún el peso que tendrán los consejeros de la ultraderecha en el nuevo gabinete.
Éste es el segundo pacto de gobernabilidad entre el PP de Moreno y el partido de Santiago Abascal. El primero, rubricado en enero de 2019, le convirtió en el primer presidente andaluz de derechas y abrió la puerta a la alternancia política en la única comunidad de España donde aún no había ocurrido (tras 37 años ininterrumpidos de gobiernos socialistas).
Moreno se quedó a dos escaños de la mayoría absoluta (53), pero no ha sido ese número dos sobre el que ha pivotado la negociación entre ambos partidos, como hubiese querido el presidente andaluz. Han sido los 15 diputados de Vox y los 576.635 votos (13,8%) que obtuvieron en las pasadas elecciones. La dirección nacional del PP también ha remado en favor de un pacto andaluz “homologable” al del resto de comunidades, evitando que Moreno -referente de la derecha más moderada- salvase un perfil propio que le ha distinguido del resto de sus compañeros. Ese perfil se perdió con la mayoría absoluta.
Los de Abascal han ignorado los porcentajes a los que aludía Moreno para intentar desmarcarse de las concesiones que tuvieron que deglutir sus compañeros en Extremadura, Aragón y Castilla y León. El marco de negociación siempre ha sido uno: no aceptar que Andalucía y Moreno sean una excepción y, por tanto, asimilar lo máximo posible el pacto andaluz al del resto de territorios. Esta concatenación de acuerdos de gobiernos autonómicos -el cuarto en dos meses- es la hoja de ruta de Abascal y de Alberto Núñez Feijóo hacia la Moncloa.
Quinto gobierno andaluz de coalición
Éste será el quinto gobierno de coalición de la historia autonómica andaluza. El primero se gestió en la quinta legislatura [1996-2000] entre el PSOE de Manuel Chaves y el Partido Andalucista (PA), entonces comandado por Antonio Ortega. Fue un pacto estable que duró todo el mandato y que se reeditó cuatro años más, en la sexta legislatura [2000-2004]. De aquella alianza, Chaves saldría reelegido en 2004 con 2,2 millones de votos y una mayoría absolutísima.
En 2012 el PSOE perdió las elecciones andaluzas por primera vez en su historia, frente al PP de Javier Arenas que se quedó a cinco diputados de la mayoría absoluta. Los socialistas pactaron un gobierno con Izquierda Unida (IU), presidido por José Antonio Griñán, con el líder de IU, Diego Valderas, como vicepresidente y tres consejerías en manos de los comunistas (Gobernación; Fomento y Vivienda, y Turismo). Duró tres años [2012-2018]. Griñán cedió la presidencia a Susana Díaz, que expulsó a sus socios del Ejecutivo y adelantó las elecciones para gobernar en solitario con apoyo externo de Ciudadanos.
El siguiente gobierno de coalición fue el primero ya sin los socialistas en la Junta [2019-2022], una alianza de PP y Ciudadanos, apoyada desde fuera por Vox. El partido de Albert Rivera, que se quedó a cinco escaños del PP más jibarizado de la historia (26 diputados), se hizo con una vicepresidencia y cinco consejerías. Vox le aprobó a Moreno tres presupuestos autonómicos, le tumbó el cuarto, y en las elecciones de 2022 los populares conquistaron su primera mayoría absoluta, con unos rotundos 58 escaños.
El futuro Gobierno de coalición PP-Vox nace del segundo acuerdo político con la ultraderecha, que es más tangible que el primero, porque contiene los “plazos de ejecución y las garantías de cumplimiento” que citó su líder andaluz, Manuel Gavira, en la primerra sesión de investidura fallida, el pasado martes. El PP andaluz es hoy más fuerte que hace ocho años y Moreno, indiscutiblemente, ha consolidado su liderazgo como referente de la derecha moderada en España.
Sin prisas
El inicio de las negociaciones se dilató durante12 días -hasta la primera llamada a Vox- en las que Moreno dijo no tener prisa y ofreció a la extrema derecha un gobierno del PP en solitario apoyado desde fuera por la ultraderecha con pactos puntuales en el Parlamento (el mismo formato que en 2019). Las primeras conversaciones entre los equipos negociadores no se iniciaron hasta el 9 de junio, apenas 48 horas antes de la constitución del Parlamento andaluz.
La falta de un acuerdo previo entre ambas formaciones de derechas también ha marcado el inicio de la XIII legislatura andaluza, el pasado 11 de junio. Ante la ausencia de un pacto, el PP se hizo con el control absoluto de la Mesa del Parlamento y obtuvo cinco de los siete puestos, mientras que Vox se quedó sin representación ni amagó con pedirla. Su objetivo era pactar todo el bloque político con el PP, de ahí que el acuerdo obligue ahora a rehacer la composición del órgano rector de la Cámara, y que alguno de los cinco dirigentes populares tengan que dimitir.
A diferencia de lo ocurrido en otros territorios -o puede que como consecuencia de ellos- el asunto sobre la prioridad nacional ha llegado muy diluído a la negociación. Moreno lo aceptó casi desde el principio -“todo el mundo lo ha firmado ya”-, consciente de que el impacto mediático es menor, una vez que ha acaparado titulares en Extremadura, Aragón y Castilla y León.
El dirigente popular se pasó la campaña electoral ignorando este tema, como un tabú, pero sin llegar a confrontar abiertamente con la política antiinmigrante de sus socios potenciales. Terminó por decir que la “prioridad nacional” era un “eslogan vacío”, que en la práctica tendría poco recorrido, porque el planteamiento de máximos de los ultra estaba acotado por la propia Constitución, el Estatuto de Autonomía y el Código Penal. “Si lo quieren llamar así, me parece bien”, dejó dicho a pocos días de las urnas.
A pesar de los aparentes desencuentros con Vox, Moreno se propuso formalmente ante el presidente del Parlamento, Jesús Aguirre, como candidato a la Presidencia de la Junta y solicitó la convocatoria del debate de investidura lo antes posible. El lunes pasado, sin límite de tiempo, presentó un proyecto político para un gobierno en solitario, con apenas guiños a la ultraderecha. No mencionó la prioridad nacional, pero hubiese dado lo mismo, porque cuando llevaba 40 minutos hablando, el portavoz nacional de Vox, desde Madrid, adelantó que dijera lo que dijera su grupo ya había decidido votar no ese día. Y amenazó con volverlo a hacer en la segunda votación, 48 horas después.
En todo este tiempo, Vox ha escenificado su voluntad de replicar en Andalucía sus otros pactos autonómicos. Su portavoz, Manuel Gavira, ha llegado a anticipar un voto contrario en la investidura si no se firmaban medidas concretas. Desde la oposición, la socialista María Jesús Montero viene denunciando que todo el proceso ha sido un teatro y que el pacto de gobierno entre el PP y Vox lleva semanas cerrado en secreto.
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El líder del PP-A, Juanma Moreno, ha tomado posesión por tercera vez como presidente de la Junta en un acto en el Palacio de San Telmo, sede de la Presidencia de la Comunidad, en un acto al que ha asistido el que será su vicepresidente, el líder de Vox en Andalucía, Manuel Gavira.Moreno, que afronta su tercer mandato, ha deseado una legislatura "fructifera" y se ha dirigido el líder de Vox, Manuel Gavira para reivindicar su pacto de gobierno: : "Es el primer paso para un camino que hay que andar y que debe ser muy provechoso para Andalucía". Moreno ha contado con la presencia del expresidente del Gobierno Mariano Rajoy, la exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y la exministra Fátima Báñez, y el exministro Juan Ignacio Zoido, así como la expresidenta de la Junta, Susana Díaz.Del Gobierno central han asistido la secretaria de Estado de Política Teritorial, Miryam Álvarez y el subdelegado del Gobierno de Málaga, Javier Salas.
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Derecha
Periodista Digital
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