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Moreno no logra la investidura al primer intento y volverá a someterse a votación el próximo jueves
El presidente en funciones de la Junta y candidato del PP-A a la reelección, Juanma Moreno, no ha logrado ser investido jefe del Ejecutivo andaluz de la XIII legislatura en la primera votación que se ha celebrado este martes ante el Pleno del Parlamento, ya que sólo ha tenido los votos a favor de su partido, 53, frente a los 56 votos en contra de PSOE-A, Vox, Adelante Andalucía y Por Andalucía.
Derecha
Juanma Moreno no logra ser investido presidente de Andalucía tras el voto contrario de los grupos de izquierdas y de Vox
El candidato del PP, Juanma Moreno, no ha logrado ser investido presidente de la Junta de Andalucía en la primera votación del debate de investidura celebrado en el Parlamento andaluz. El voto en contra de los grupos de la izquierda y de Vox ha impedido que Moreno alcanzara la mayoría necesaria, abriendo un nuevo escenario de negociación que culminará con una segunda votación el próximo jueves.Durante el debate, Juanma Moreno ha agitado el fantasma de una repetición de elecciones si no logra ser reelegido. Sin embargo, este aviso no ha sido dirigido a su potencial socio, Vox, sino a los dirigentes de la izquierda alternativa, quienes inauguraron el pleno este martes en el antiguo hospital de las Cinco Llagas.En su intercambio con Manuel Gavira, portavoz de Vox en Andalucía, el barón popular ha mostrado un tono conciliador, buscando centrarse en los puntos de acuerdo. "Somos formaciones políticas que tenemos visiones diferenciadas en algunos aspectos, pero frente a esas diferencias tenemos que buscar aquello que nos une", ha afirmado Moreno, admitiendo que esas discrepancias han retrasado un pacto que aún parece posible.La presión sobre la negociación ha aumentado desde Madrid, donde el portavoz nacional de Vox, José Antonio Fúster, descartó el voto afirmativo en esta primera votación. A pesar de ello, el líder regional, Manuel Gavira, ha mostrado una mayor disposición al acuerdo, agradeciendo la "buena disposición" de Moreno, aunque le ha reprochado la tardanza en iniciar las conversaciones, que no comenzaron hasta el 9 de junio.Gavira ha centrado su intervención en las exigencias de su partido para un posible acuerdo, destacando la prioridad nacional en las ayudas sociales y el acceso a la vivienda. También ha instado al PP a superar sus reticencias a pactar con ellos: "Tienen que superar el complejo que tienen y evitar errores pasados: Andalucía no se puede permitir que no lleguemos a un acuerdo", ha defendido.La respuesta de Moreno ha sido una llamada a la flexibilidad por ambas partes. "No va a faltar voluntad por parte de mi grupo político", ha contestado, recordando que los acuerdos requieren "cesiones" y reclamando "generosidad y compromiso".La inmigración se mantiene como uno de los principales escollos en la negociación. Moreno ha defendido una inmigración "ordenada, regulada e integrada en nuestra sociedad" y que cubra las necesidades del mercado laboral. Posteriormente, en su debate con Gavira, ha criticado la política migratoria del Gobierno de Pedro Sánchez, especialmente en lo referente al reparto de menores extranjeros no acompañados.Las distancias en esta materia siguen siendo notables, como ha evidenciado Gavira al justificar la prioridad nacional y el control de la inmigración por la supuesta "saturación de los servicios públicos e inseguridad" que, según su diagnóstico, se vive en las "zonas humildes".Desde la bancada de la izquierda, las críticas han sido contundentes. "Ya se acabó el moderado", ha espetado Antonio Maíllo, líder de Por Andalucía, quien considera que Moreno fue "derrotado" en las elecciones del 17 de mayo. "Tendrá que asumir la agenda de Santiago Abascal y Alberto Núñez Feijóo; será como Extremadura, Aragón y Castilla y León, ese es su drama y su derrota", ha añadido.Por su parte, José Ignacio García, portavoz de Adelante Andalucía, ha interpelado directamente a Moreno sobre las políticas que defenderá su "vicepresidente", en alusión a Gavira. "¿Cómo va a ir al Comité de las Regiones, con lo importante que es usted allí, con un vicepresidente que niega el cambio climático?", ha preguntado, señalando también las diferencias en materia de violencia machista o políticas LGTBI.El dirigente izquierdista ha concluido con dureza: "Se le ha caído el disfraz de Juanma, y se ha puesto el de Moreno Bonilla, el del PP de toda la vida". Ante estos ataques, Moreno se ha mostrado más firme que en su debate con Vox, a la espera de su cara a cara con María Jesús Montero, quien se estrena en la oposición andaluza.
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El juego de faroles entre PP y Vox marca las últimas horas de investidura de Moreno Bonilla
El Parlamento de Andalucía se prepara para acoger la segunda votación del debate de investidura con un guion que, pese a la escenificación de los últimos días, parece ya escrito de antemano, al menos eso asegura la oposición. Tras el primer 'no' cosechado en el primer intento de investidura de Moreno, cuando el bloque de las derechas visibilizó sus exigencias cruzadas, el líder del PP afronta esta cita con la necesidad imperiosa de atar los apoyos de los de Gavira. Lejos de marcar distancias con la extrema derecha o trazar un cordón sanitario frente a sus políticas discriminatorias, el candidato del Partido Popular ha aprovechado el margen de 48 horas otorgado por la formación de Santiago Abascal para tender puentes y normalizar la principal y más polémica exigencia de sus socios: la llamada "prioridad nacional". El primer asalto del debate sirvió para fijar las posiciones y confirmar que la extrema derecha no iba a facilitar la presidencia a cambio de un cheque en blanco. Su portavoz parlamentario, Manuel Gavira, consumó su voto negativo en la primera vuelta lanzando una advertencia nítida a la bancada popular: el apoyo de su grupo pasa ineludiblemente por tragar con su principal eje ideológico. Gavira reiteró desde la tribuna un ultimátum inflexible, marcando la adopción de la "prioridad nacional" como la línea roja absoluta para desbloquear la formación del nuevo Gobierno de la Junta de Andalucía. Esta exigencia, que el PP cataloga como "eslogan vacío", tiene poca aplicación práctica. Así lo explican fuentes del PP: "El éxito es coger algo que ya existe y venderlo como nuevo y como si fuera tuyo", por, por ejemplo, las exigencias que leyes como la Ley de Dependencia marcan para poder acceder a ella: arraigo demostrado de cinco años y empadronamiento. Ahora, lo que Vox demanda a Moreno Bonilla es que acepte la premisa ultra de que los "ciudadanos españoles estén por encima de la población migrante". Una premisa de corte xenófobo y cuyo único objetivo es electoralista y discriminatorio. Frente a la crudeza de esta exigencia, la respuesta de Moreno Bonilla ha estado marcada por unos silencios tan elocuentes como calculados. Durante su discurso de investidura, el líder del PP andaluz evitó en todo momento hablar frontalmente este axioma xenófobo.No fue solo hasta el debate del martes, donde confrontó con los diferentes grupos políticos, cuando no le quedó más remedio que hablar -de soslayo- de la "prioridad nacional". En cualquier caso, el entendimiento está muy allanado. Así lo expresaba el propio candidato a presidente el primer día "si avanzamos donde coincidimos, el terreno del acuerdo estará más cerca". Este acercamiento evidencia la caída definitiva del perfil moderado y centrista que el presidente en funciones ha intentado proyectar de forma milimétrica durante la última legislatura, advierten los grupos de la oposición. Al negarse a tachar de inasumibles o de línea roja los postulados racistas de Vox, el PP andaluz no solo asume el marco ideológico de Abascal, sino que contribuye a su blanqueamiento institucional. Moreno ha preferido obviar las...
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Moreno no logra ser investido tras el voto contrario de los grupos de izquierdas y de Vox
El Parlamento andaluz ha rechazado este martes la investidura del popular Juanma Moreno como presidente de la Junta de Andalucía, ya que ha obtenido 53 votos a favor del PP y 56 en contra de los tres partidos de la izquierda —PSOE, Adelante Andalucía y Por Andalucía— y de Vox, formación con la que no tiene aún cerrado un pacto de gobernabilidad.Tras dos días de debate de investidura, Moreno no ha podido ser investido debido a que necesitaba la mayoría absoluta de la Cámara autonómica, para la que le faltan dos escaños, y tras varias semanas de negociación entre PP y Vox no ha habido acuerdo y se volverá a votar de nuevo el próximo jueves, donde esta vez necesita mayoría simple.Aunque en la jornada de ayer, durante el discurso de Moreno, Vox ya había deslizado que al no haber acuerdo entre ambos partidos no iba a respaldar este martes la investidura del candidato popular, no ha sido hasta la intervención del líder de esta formación, Manuel Gavira, cuando se ha conocido que el sentido del voto iba a ser negativo.
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Vox consuma su primer 'no' a investir a Moreno Bonilla y le da dos días para aceptar la prioridad nacional
Esta martes el Parlamento de Andalucía ha votado mayoritariamente en contra de que el candidato del PP andaluz a la Presidencia de la Junta de Andalucía, Moreno Bonilla, revalide dicho cargo. Tras semanas de negociaciones encubiertas entre PP y Vox, en el día de ayer, mientras que Moreno ofrecía a la Cámara su proyecto de Gobierno, el portavoz nacional de Vox, Antonio Fúster, anunciaba la que sería la postura de su grupo en esta primera votación. Horas después el portavoz en Andalucía, Manuel Gavira, lo ratificaba. Y este martes, durante el discurso del ultra, lo volvió a repetir: "Hoy votaremos que no". Por la tarde, después de que todos los portavoces de los grupos parlamentarios hayan debatido con el presidente andaluz, donde el choque más virulento lo escenificaron Moreno y Montero, y el más tranquilo Moreno y Gavira, los diputados andaluces han votado mayoritariamente en contra de que Moreno Bonilla revalide la Presidencia de la Junta de Andalucía. Este martes, como primera votación, necesitaba obtener la mayoría absoluta, por encima de los 55 votos a favor. Moreno ha conseguido 53 votos a favor, todos los de su grupo, y 56 votos en contra (Por Andalucía, Adelante Andalucía, Vox y PSOE-A). Moreno, por tanto, consuma por primera vez su primer fracaso en una sesión de investidura. Tanto en 2018, cuando alcanzó un acuerdo de Gobierno con Cs y un pacto parlamentario con Vox, como en 2022, cuando alcanzó la "mayoría suficiente", Moreno superó esta votación a la primera. Ahora, tocará esperar. Dentro de 48 horas, tal y como marca el reglamento, Moreno volverá a tener otra oportunidad. Esta vez, no obstante, necesitará mayoría simple. Es decir, más síes que noes. Para ello, le servirán tres votos a favor de diputados de Vox para alcanzar una mayoría (56 a 54) o una abstención de cuatro diputados de la formación ultra (53 a 52). Moreno lamenta el "no" de Vox El presidente en funciones de la Junta y candidato a la reelección ha lamentado que Vox haya votado en contra de su investidura, al tiempo que ha confiado en que en la votación que se producirá el jueves sí cuente con su apoyo. "Tenemos la responsabilidad de llegar a un acuerdo, lo antes posible y, desde luego, no va a faltar voluntad por parte de mi grupo político", ha señalado. Tras confirmar el rechazo a la investidura, Gavira ha insistido en que su formación es favorable a un acuerdo con el PP-A, pero que incluya la prioridad nacional, como ha ocurrido en los acuerdos de Vox con el Partido Popular en otras comunidades, "poner fin a las políticas derivadas del fanatismo climático" y la desregulación. "Lamento que hoy, cuando se produzca la votación en esta cámara, no haya una actitud positiva por parte de ningún grupo y de manera especial del grupo de Vox. Lo lamento porque creo que sí se podían haber dado esas condiciones para que hoy mismo pudiéramos tener gobierno", ha expresado y ha confiado en que de cara a...
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Vox tumba la investidura de Moreno y da 48 horas al PP para cumplir sus exigencias antes de la segunda votación
El Parlamento andaluz rechaza la reelección del presidente popular con los votos de PSOE, Vox, Adelante Andalucía y Por Andalucía, pero la ultraderecha y el PP ya escenifican complicidad para desbloquear la legislatura en la votación del jueves. "Esta investidura es un fraude, se le hurta a la Cámara la letra pequeña [del pacto]", denuncia MonteroVox anticipa el 'no' a la investidura y marca el camino a Moreno: "Sí a la prioridad nacional, no al fanatismo climático"
El Parlamento andaluz ha tumbado la investidura de Juan Manuel Moreno como presidente de la Junta con el rechazo de todos los partidos, excepto el PP, que este martes necesitaba una mayoría absoluta que no tiene a falta de dos escaños.
Moreno negocia un pacto de legislatura con la ultraderecha, pero Vox ha ordenado apurar las próximas 48 horas para que el barón popular -referente de la derecha moderada- asuma los mismos postulados que impusieron a sus compañeros en Extremadura, Aragón y Castilla y León: “Sí a la prioridad nacional, no al fanatismo climático”, le ha espetado el líder andaluz de la ultraderecha, Manuel Gavira.
Esas 48 horas son el plazo legal que estipula el reglamento de la Cámara para volver a someter a votación su investidura. Entonces le bastará la mayoría simple, es decir, que cuatro diputados de Vox se abstengan, pero el partido de Santiago Abascal ha dejado claro que no está aquí como mera comparsa ni para facilitar un Gobierno en solitario del PP: trabajan por el 'sí' y para eso exigen a Moreno un compromiso de máximos, “con plazos concretos y garantías de cumplimiento”. Y con el subrayado de la “prioridad nacional”, el sintagma antiinmmigrante que ya han colado a tres gobiernos autonómicos.
“La prioridad nacional la han firmado en todos los sitios. Es una habilidad coger una cosa que existe y decir que es tuyo”, avanzan fuentes próximas al presidente andaluz, tras admitir que están “cerrando flecos en la parte programática, y después irá la formación del gobierno”.
El cara a cara entre Gavira y Moreno ha acaparado el máximo interés de los 109 parlamentarios, sumidos en un silencio monacal cuando jugaban a regatearse sin dejarse caer al suelo. El mood ha cambiado en las últimas 24 horas. Este martes no han llegado, desde Madrid, interferencias abruptas de la dirección nacional de Vox, que inviten a pensar en una travesía larga hasta la reelección del candidato, ni en un especial ensañamiento para hacer sudar sangre a Moreno, como ocurrió el lunes.
“Estamos más cerca, estamos mejor que ayer”, dicen fuentes populares, que ansían cerrar el pacto en las próximas 48 horas y que su líder tome posesión el sábado. “Lo peor ya ha pasado”, avisan. Gavira ha pedido explícitamente la prioridad nacional, y Moreno no ha recogido el guante -aún- de ese “eslogan vacío”, como lo tildó en la pasada campaña electoral, pero comenzó a desandar el camino que le separaba de la ultraderecha, mezclando el debate sobre inmigración con el de inseguridad, delincuencia y narcotráfico.
PP y Vox han metido en un cajón las herramientas con las que se han atizado los últimos cuatro años -“por el bien de los andaluces”- e inauguran una nueva etapa de concordia, que aún debe aflorar en un acuerdo político por escrito. No se trabaja aquí con un plan B a éste, pero el conocido regusto de los de Abascal por los giros de guión y las sorpresas de última hora -como dejaron patente en la primera legislatura que apoyaron a Moreno- mantiene abierto el margen de incertidumbre.
Es cierto lo que dicen de sí mismos: son previsibles, incluso cuando les gusta mostrarse imprevisibles. En una ocasión escondieron el sentido de su voto a unos Presupuestos Autonómicos -con el Gobierno de PP y Ciudadanos en vilo- hasta el mismo momento de la votación en el Pleno.
De modo que todo lo que se dilate la negociación del acuerdo andaluz depende en exclusiva del timing que orqueste Vox, no del PP, y todo lo que se dilate será una demostración del poder que tienen como llave de gobierno, y de la dependencia que tiene de ellos Moreno.
El objetivo común: derrocar a Sánchez en 2027
El debate de investidura, que arrancó a mediodía del lunes y terminó este martes con la votación, casi a las siete de la tarde, ha durado casi nueve horas con intervalos. Juanma Moreno no tenía límite de tiempo ni para su discurso inicial ni para responder a sus rivales, que sí tenían tasado los minutos.
El presidente de la Junta en funciones se ha marchado sin acuerdo con la ultraderecha, pero tanto él como Gavira han escenificado un acercamiento evidente de posturas, fajados hoy al unísono en la principal razón de ser de su pacto: minar al Gobierno de Pedro Sánchez, arrinconar a las izquierdas, y allanar el camino de Feijóo y de Abascal a la Moncloa en 2027.
La decimotercera legislatura en Andalucía es un regreso a 2019, cuando irrumpe por primera vez un gobierno de derechas tras 37 años de socialismo en el poder. Todo huele a déjà vu, excepto al estado de alarma en la izquierda: hace ocho años, el líder de IU, Antonio Maíllo, se desgañitó en su primera intervención llamando “fascistas” a los primeros 12 diputados de la ultraderecha en España, presentes en el Parlamento andaluz, mientras una multitud de personas rodeaba por fuera la Cámara en señal de protesta. “No pasarán”, se gritó en aquella campaña electoral. Hoy Vox está amortizado como fuerza de gobierno y su discuro naturalizado en la calle, en los medios y en las redes sociales.
La fisonomía del Parlamento andaluz tras las elecciones del pasado 17 de mayo es parecida a aquel primer mandato y no muy distinta, en realidad, a la pasada legislatura: las derechas vuelven a cabalgar juntas, PP y Vox hacen ostentación de sus parecidos, orillan sus diferencias, y unen fuerzas contra el bloque de izquierdas, al que Moreno ha calificado “el bloque del bloqueo”.
Hoy, con el primer no a la investidura, también ha empezado la cuenta atrás para la repetición electoral. Pero ningún partido contempla ese escenario, aunque el candidato popular ha sacado a paseo el fantasma y le ha puesto fecha: sería el próximo 25 de octubre (los dos meses preceptivos desde hoy).
Del discurso de Moreno se desprenden dos ideas: que sin Vox es imposible arrancar esta legislatura ni formar gobierno, y que con Vox tiene que entenderse, no porque sea su “socio preferente”, sino porque “es el único partido que se ha ofrecido”.
Esto último, verbalizado por el consejero de Presidencia en funciones y mano derecha de Moreno, Antonio Sanz, le ha molestado a los de Abascal. “Esto no suma y no ayuda”, le había dicho Gavira. El popular se ha excusado argumentando que trataba de subrayar la “irresponsabilidad” de las izquierdas, que dejaron claro desde el minuto uno que ni facilitarían su investidura ni apoyarían que buscase amparo en los votos de Vox. “Ni comen ni dejan comer”, dijo por la mañana, para explicar que estaba abocado a entenderse con la ultraderecha “cuanto antes”. “Nos gustaría llegar a un acuerdo con Vox, sí. Aquí no hay trampa ni cartón”, sentenció.
María Jesús Montero interviene en el debate de investidura de Juanma Moreno, en el Parlamento andaluz.
Montero: “Esta investidura es un fraude”
Y fue sobre este marco mental en el que llegó María Jesús Montero a la tribuna del Parlamento andaluz, del que salió en 2018, cuando aún gobernaba el PSOE esta comunidad, para formar parte del primer Ejecutivo de Sánchez. “Por la misma regla de tres, si resulta que las izquierdas somos responsables de los acuerdos que usted va a llegar con Vox, entonces en el Gobierno de España usted es responsable de los acuerdos con los independentistas. El embudo funciona en ambos sentido”, le espetó.
La socialista fue durísima en su primera réplica a Moreno, al que llegó a tildar de “fraude”. “Ha convertido esta sesión de investidura en un fraude, probablemente poorque usted es un fraude en política: dice una cosa y hace otra”, dijo. Montero afeó al presidente andaluz de haber escondido su proyecto político, a sabiendas de que hoy depende de los postulados de la ultraderecha. “Ha convertido esta sesión de investidura en una tertulia que no nos lleva a ninguna parte, por debajo de la mesa se está negociando la letra pequeña que se ha hurtado a este Parlamento”, dijo.
La intervención de Montero convirtió el debate de investidura en otra cosa muy distinta: una suerte de sesión de control al Gobierno de Pedro Sánchez, más bronco, más descarnado, y con un Juanma Moreno olvidándose por momentos de que estaba allí para presentar sus credenciales para la reeleción, y no para fiscalizar el pasado lejano y reciente de la exvicepresidenta del Ejecutivo.
La réplica de Moreno a la socialista fue durísima y se dedicó tanto a ello -56 minutos en el primer tiempo, y unos 25 minutos en el segundo- como al que necesitó para su discurso de investidura. Aunque atizar a Montero también forma parte del canto de sirenas que quiere escuchar Vox. La dirigente socialista, con su mera presencia en el Parlamento andaluz, hace más por el pacto PP-Vox que cualquier negociación.
El dirigente popular se armó con todo el arsenal: el pacto con el independentismo catalán, el agravio a Andalucía, los acuerdos con Bildu, la condena de 24 años de cárcel a Ábalos y de 19 años a Koldo, el caso Cerdán, “los collares de Zapatero”, la imputación de la presidenta de la Sepi, la corrupción... Llegó a insinuar, sin llegar a decirlo, que su contrincante acabará salpicada en una de las causas judiciales que acechan al PSOE.
La bancada popular, con sus 53 diputados y el consejo de Gobierno en funciones, animaron con ruido de fondo durante la intervención de la socialista, obligando al presidente del Parlamento a parar el reloj varias veces. La crispación entre los diputados populares y socialistas fue la más visceral de todo debate.
El dirigente popular se ha explayado en atacar a la líder del PSOE-A por tierra, mar y aire, sin límite de tiempo, cargando sobre sus hombros su responsabilidad como número dos del Gobierno de Sánchez. “Usted, que dice que ha sido la mujer con más poder en España desde Isabel la Católica, ¿por qué no usó todo ese poder para invertir más dinero del Estado en Andalucía”, le ha dicho.
Montero le ha recordado que la etapa de Sánchez ha aportado 60.000 millones de euros más a Andalucía que la etapa anterior, de Mariano Rajoy, y ha defendido con uñas y dientes su propuesta de reforma del modelo de financiación autonómica. “Usted no puede presentar una alternativa porque no se pone de acuerdo con otros presidentes autonómicos del PP. Hasta ahora, el Gobierno de Sánchez propone 5.000 millones más para Andalucía, y usted cero”.
El momento más crítico entre el popular y la socialista tuvo que ver con la crisis de los cribados de cáncer de mama, el momento más delicado de los casi ocho años de gobierno de Moreno, que se llevó por delante a la cúpula de la Consejería de Salud. “Ahora mismo, de los casos de los cribados, no ha fallecido ninguna mujer afortunadamente”, dijo el presidente andaluz, provocando una protesta unánime de todos los diputados de izquierdas, que hizo a Moreno dudar y mirar de reojo a su consejero de Sanidad, Antonio Sanz, como buscando la aprobación.
La Junta siempre se ha negado a confirmar o desmentir si murió alguna de las 2.317 mujeres víctimas de los diagnósticos tardíos del cribado de cáncer, escudándose en la Ley de Protección de Datos. El PSOE ha demandado el número, no los nombres y apellidos de las posibles víctimas, pero Sanz no ha respondido y Moreno, fuera de la Cámara, siempre ha dicho que “no le consta” muerte alguna. Hoy es la primera vez que asegura esto en sede parlamentaria y Montero, en la última réplica, le ha vuelto a pedir los datos: “¿Cuántas han fallecido? ¿Cuántas han tenido que hacerse una masectomía?”.
Este primer duelo entre el dirigente del PP y la jefa socialista de la oposición anticipa un estreno de legislatura bronco, anexo de la crispación que inunda el Congreso de los Diputados, con los socios del futuro Ejecutivo andaluz fiscalizando al PSOE-A. Será la dinámica hasta las municipales y generales de 2027. La propia Montero tropezó en la trampa al usar parte del debate de investidura de su oponente para defender al Gobierno de Sánchez.
Terminó este debate, que debe ser un punto de lanzamiento de una legislatura en Andalucía, como un epílogo de las últimas elecciones autonómicas, o como preámbulo de la campaña de las generales. Moreno habló de “corrupción generaliza y sistémica en el PSOE, que es insoportable, sonrojante y bochornoso”, pidiéndole explicaciones a la dirigente socialista, que ya no tenía turno de réplica para responder.
“La imagen que estamos dando del Parlamento andaluz es patética”, ha dicho el presidente de la Cámara, el popular Jesús Aguirre, incapaz de apaciguar la bronca entre los diputados socialistas y populares. Los últimos diez minutos de intervención de Juanma Moreno, en su debate de investidura, han girado en torno a la corrupción del PSOE, que ha sugerido que Montero está implicada en los casos de corrupción que salpican a su partido, del que aún es vicesecretaria general. “Usted tenía que saber algo”, ha dicho. “¿Usted está diciendo que yo voy a estar imputada?”, le había preguntado ella, ofendida.
Como colofón, el portavoz del PP andaluz,Toni Martín, tomó la palabra final, recordó que hoy era el día del parlamentarismo y, acto seguido, volviéndose a la bancada socialista, ha dicho: “Son ustedes la vergüenza del parlamentarismo en España y en Andalucía”.
Pasadas las seis de la tarde, el presidente del Parlamento ha sacado un número al azar -entre los 109 diputados- para elegir al primero que debía votar la investidura de Moreno, y salió elegido Manuel Gavira, líder de Vox. Risas por fin en la Cámara por la puntería de Aguirre. El primer voto tumbó la investidura del candidato popular.
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Los silencios de Moreno Bonilla acercan al PP a la prioridad nacional de Abascal
A veces, los silencios dicen más que las propias palabras. En el discurso que ha pronunciado el presidente en funciones de la Junta de Andalucía y candidato a la reelección, Moreno Bonilla, este lunes en el Parlamento andaluz podemos encontrar un mapa de pistas que nos dirigen hasta Bambú, la sede nacional de Vox y principal pesadilla de los populares. El discurso, que ha durado en torno a una hora y media, ha estado estructurado en diferentes partes o actos, recogiendo el guante de las críticas de la oposición de que estamos viviendo un "teatro" entre las negociaciones de los partidos. El primer 'acto' ha sido la claudicación. Al tiempo que Moreno presumía de la victoria electoral del pasado 17M reconocía que, para gobernar, necesitaba un socio. El único e indiscutible Vox, para ser más exactos. Así lo ha recordado posteriormente su portavoz, Gavira, entre risas: "Los andaluces escogieron que Vox decidiera el Gobierno andaluz". A Moreno, sin embargo, no le hace tanta gracia. Normal. Su papel es complicado. Tras vivir cuatro años bajo una "mayoría suficiente" aparentemente bajo control, ahora tendrá que entenderse con una formación que vive de la polémica y que se presenta impredecible. Para muestra, cuando se salieron de los gobiernos autonómicos de los que formaban parte en 2024 por el acuerdo migratorio. Ahora parece que están a otra cosa y que quieren gobernar. Moreno, por otro lado, está empeñado en lo contrario. O eso parece; porque como en el teatro, nada es lo que parece. Mientras que Moreno Bonilla se presentaba ante la Cámara andaluza, el portavoz nacional de Vox, José Antonio Fúster, avivaba las negociaciones. En una rueda de prensa, advertía que "todavía falta" para el acuerdo en Andalucía, y que de seguir por este camino, Vox apoyará a Moreno en la "tercera, cuarta, quinta votación; o nunca". Unas declaraciones que subraya Gavira porque, en su opinión, todavía se está negociando. El qué, no trasciende, pero según Gavira son "medidas". El PP dice que de seguir por el camino del "entendimiento" entre partidos habrá acuerdo, pero tampoco se explica cuál es ese camino. Tampoco la piedra en mitad de este para no llegar a un acuerdo. El portavoz de Vox, Gavira, también decía ayer que "hay cosas que nos han gustado y cosas que no, como el hecho de que no haya entrado en el problema de la inmigración que hay en Andalucía"; el primer silencio de Moreno Bonilla. Silencios Una de las cuestiones que más han llamado la atención del discurso del presidente en funciones ha sido no hablar sobre la inmigración. Y no precisamente porque sea un "problema", como advierte Vox, sino por ser precisamente el marco más polémico de la negociación entre ambos. Si Moreno pretendía 'guiñar políticas' a la ultraderecha no ha terminado de conseguirlo. O quizá era eso, una forma de cabrear a los de Gavira y escenificar el "lío". Hay que hilar fino. Pese a que el marco de los de Abascal -apoyado por Feijóo y presidentes autonómicos...
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Moreno se asoma al mismo laberinto que Guardiola tras la amenaza de Vox de otra investidura fallida
Juanma Moreno afronta este martes la primera votación de su investidura como presidente de la Junta de Andalucía sin demasiadas esperanzas. El líder del PP quiso acelerar el calendario desde el primer momento aprovechando los casos de corrupción que afectan al Gobierno de Pedro Sánchez y reclamó una investidura "cuanto antes". El presidente del Parlamento, el popular Jesús Aguirre, fijó el debate para los días 29 y 30 de junio pese a que las negociaciones con la extrema derecha seguían abiertas y sin acuerdo.La decisión convirtió el debate de investidura en un instrumento de presión política. El PP confiaba en que la proximidad de la votación obligaría a la extrema derecha a cerrar un pacto de última hora que evitara una imagen de bloqueo y el riesgo de una repetición electoral. Sin embargo, el cálculo no ha surtido efecto, al menos por ahora. Los conservadores llegan este martes a la primera votación dos escaños por debajo de la mayoría absoluta —53 diputados frente a los 55 necesarios— y con la negativa expresa de Vox, PSOE, Adelante Andalucía y Por Andalucía. Los 15 diputados de la formación de Abascal son claves para obtener esa mayoría. Durante las últimas semanas ambas formaciones han mantenido conversaciones discretas, con reuniones alejadas de los focos y un notable hermetismo. Moreno insistió incluso el pasado viernes en que seguiría negociando "hasta el último minuto", admitiendo públicamente que todavía no existía ningún acuerdo cerrado. El barón andaluz en funciones situó a la extrema derecha ante la presión de elegir entre permitir su investidura o empujar a Andalucía a una repetición electoral. En Vox sospechan que ese es precisamente el objetivo de Moreno: culparles del bloqueo para forzar una repetición electoral con la que aspirar a la mayoría absoluta.Con todo, el discurso que enarboló el presidente andaluz este lunes estuvo diseñado para no dinamitar la negociación con Vox, aunque tampoco asumió sus principales banderas. El conservador responsabilizó al resto de grupos de un eventual bloqueo y evitó asumir dos de las principales exigencias de la extrema derecha: la llamada “prioridad nacional” en el acceso a ayudas públicas y vivienda, y un endurecimiento de la política migratoria.Por su parte, desde la dirección nacional del PP se quiso trasladar este lunes un mensaje de respaldo a la estrategia seguida por Moreno. El portavoz nacional del partido, Borja Sémper, defendió que el presidente andaluz ha presentado un proyecto "centrado, reformista y de estabilidad" y evitó presionar públicamente a Vox, aunque apeló a su "responsabilidad" para impedir un escenario de bloqueo institucional. En Génova insisten en que corresponde ahora a los de Abascal decidir si facilitan un gobierno del PP o fuerzan una repetición electoral, y sostienen que únicamente se inmiscuirán en la negociación, como ha ocurrido en las anteriores negociaciones, si afecta a asuntos de política nacional fuera del “acuerdo marco”.Lejos de facilitar la investidura, la formación ultra ha aprovechado la necesidad parlamentaria del PP para elevar el precio del acuerdo. La formación de Santiago Abascal reclama un pacto programático de legislatura con compromisos concretos en materias identitarias y migratorias, además de garantías de estabilidad para toda la legislatura. Y ya anticipa que este martes votará en contra de la investidura. “En primera [votación], no; y en segunda me parece que no”, señaló el portavoz nacional, José Antonio Fúster. “Que siga por ese camino y saldrá elegido en tercera, cuarta, quinta o nunca”, añadió.A los ultras les molestó que el candidato del PP evitara asumir su “prioridad nacional” y políticas más duras contra la migración irregular, dos de las líneas rojas que la extrema derecha viene imponiendo en otros acuerdos territoriales. El portavoz de Vox en el Parlamento andaluz, Manuel Gavira, se quejó de ese "olvido voluntario" por parte de Moreno: “No reconoce que hay un problema con la inmigración”, señaló.Ese equilibrio consistente en mantener un perfil ‘moderado’ sin romper la negociación con Vox explica buena parte de la estrategia del PP andaluz. Moreno necesita los votos de la extrema derecha, pero trata al mismo tiempo de evitar aparecer como un dirigente condicionado por su agenda ideológica, aunque en Génova reconocen que, llegado el momento, le tocará ceder. El mensaje del presidente andaluz, centrado en estabilidad y gestión, no ha servido para desbloquear la negociación, sino que ha permitido a Vox justificar su portazo y elevar todavía más el precio de una eventual abstención o apoyo en segunda votación el próximo jueves.El PP confía en que el margen de negociación de las próximas horas permita cerrar un acuerdo que salve la investidura. Vox, de momento, mantiene la presión y recuerda que sus votos no serán gratuitos. La formación ultra ya apunta incluso a un horizonte más amplio, recordando que el plazo para investir presidente concluye el 30 de agosto, dos meses después de la primera votación. La precipitación del calendario, lejos de resolver el bloqueo, ha dejado al descubierto el delicado equilibrio sobre el que Moreno aspira a construir su tercer mandato.A esto se le añade que, durante las celebraciones del Orgullo de este fin de semana en distintas ciudades andaluzas, numerosos asistentes respondieron con abucheos y consignas críticas hacia Vox, en un contexto marcado por el endurecimiento del discurso del partido contra las políticas LGTBIQ+ y de igualdad, en las que incluso se pudo ver alguna imagen de Abascal decapitado. “No, no es una fiesta, ni una reivindicación. Es una exhibición de odio que roza el delito. Y como siempre con dinero público, porque serían incapaces de organizarse sin que tengamos que pagarles la fiesta. Les cortaremos el grifo de la subvención”, señaló la cuenta oficial del partido en Sevilla.Su portavoz en el consistorio, Gonzalo García de Polavieja, difundió un vídeo en el que pregunta por el presupuesto que le asigna el Ayuntamiento a "un mes de actividades del colectivo homosexual que han concluido con cuatro días de fiesta y desmadre". La ultraderecha defendió que, si aumenta su influencia institucional, pondrá fin a las subvenciones públicas destinadas a este tipo de celebraciones y entidades vinculadas al movimiento LGTBIQ+, reforzando así uno de los ejes culturales de su negociación con el PP. “Hay que acabar con la financiación pública de los colectivos LGTBIQ+, absolutamente ideologizados, pues los recursos del Ayuntamiento se deben destinar a servicios esenciales como la limpieza, la seguridad, la movilidad o la ayuda a las familias y colectivos desfavorecidos”, planteó el portavoz ultra, que insistió en que las asociaciones “deben sostenerse principalmente mediante las aportaciones voluntarias de sus socios y simpatizantes”.
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Discurso íntegro de Juanma Moreno: seis menciones de la palabra "prioridad", pero ninguna "nacional"
El presidente andaluz en funciones reconoció que necesita el respaldo de Vox para ser reelegido. Durante su intervención, el candidato del PP defendió la moderación y el diálogo como las verdaderas señas de identidad de su proyecto. Este es el documento íntegro leído por MorenoVox revienta la investidura de Moreno y adelanta su voto en contra a mitad de un discurso que omitió la prioridad nacional
Juanma Moreno arrancó este lunes su tercer discurso de investidura admitiendo con total claridad lo evidente: necesita el respaldo de Vox para ser reelegido como presidente de la Junta de Andalucía. Durante su intervención, el candidato del PP defendió la moderación y el diálogo como las verdaderas señas de identidad de su proyecto, prometiendo mantenerse fiel a ese estilo. En seis ocasiones empleó Moreno la palabra “prioridad”, pero en ningún caso la acompañó del adjetivo “nacional”.
Mientras Moreno pronunciaba estas palabras en el Parlamento autonómico, en la sede central de Vox en Madrid, su portavoz nacional José Antonio Fúster, avisaba del sentido de voto de sus 15 diputados andaluces: “En primera [votación], no y en segunda me parece que no. Que siga por ese camino y saldrá elegido en tercera, cuarta, quinta o nunca”, dijo.
Este ha sido el discurso de Moreno:
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Vox revienta la investidura de Moreno y adelanta su voto en contra a mitad de un discurso que omitió la prioridad nacional
El presidente andaluz y candidato del PP a la reelección reivindica la moderación y el diálogo como señas de identidad, promete no traicionar su estilo, y pide a la ultraderecha que se concentre en "lo que les une", proponiendo más rebajas fiscales, más desregulación y un ataque frontal al Gobierno de Pedro Sánchez
Un desvío en la 'Vía Andaluza': Moreno se juega su capital como líder moderado del PP en una investidura rehén de Vox
DOCUMENTO - Discurso íntegro de Juanma Moreno: seis menciones de la palabra “prioridad”, pero ninguna “nacional”
Llevaba Juanma Moreno 40 minutos leyendo su tercer discurso de investidura como presidente de la Junta de Andalucía, prometiendo la continuidad de su estilo de hacer política -“la moderación, la concordia”- y la continuidad de su “agenda reformista”, partiendo del reconocimiento de que nada de ello sería posible sin los votos de Vox.
Dos síes en la sesión de este martes, que requiere mayoría absoluta; o cuatro abstenciones el jueves, cuando basta la mayoría simple, recordaba el propio Moreno, cuando el portavoz del partido de Santiago Abascal, desde la sede central en Madrid, reventó todos los guiños, promesas y compromisos que le quedaban por leer, anunciando que sus 15 diputados votarán no mañana y probablemente también el jueves. Y quizá seguirán así en adelante, cuando empiece la cuenta atrás de dos meses para la repetición electoral, hasta que dobleguen al barón andaluz: “En primera [votación] no, y en segunda me parece que no. Que siga por ese camino y saldrá elegido en tercera, cuarta, quinta o nunca”, dijo el portavoz nacional de la ultraderecha, José Antonio Fúster.
Así empieza la decimotercera legislatura en Andalucía y termina antes de tiempo, de sopetón, el tercer discurso de investidura de Moreno. Los 109 diputados siguieron escuchándole, pero tomaron nota de que “alguien desde un despacho en Madrid había decidido el futuro inmediato de Andalucía”, como auguró el barón popular en la campaña de las elecciones del 17 de mayo, que ganó con 53 diputados, a dos de la mayoría absoluta. “El lío” ha comenzado, está por ver si dura cuatro años o cuatro días.
De la negociación entre PP y Vox para investir a Moreno y garantizar la gobernabilidad de la comunidad más poblada de España se sabe poco, porque los partidos han impuesto un cierre de puertas y un silencio absoluto. Abascal ha enviado a dos negociadores a Sevilla, como ya hizo en 2019, Javier Bazán y Montserrat Lluis. Por parte del PP, todos son andaluces: Moreno, el consejero de Presidencia, Antonio Sanz, y el secretario general del partido, Antonio Repullo, personas de confianza del barón territorial.
Pero el candidato popular debía saber que lo de hoy no iba a ir más allá de una declaración de principios, de ahí que usara su momento de gloria en el Parlamento para hacer un alegato de la llamada “vía andaluza”, trampantojo de la moderación, la estabilidad y el diálogo: “Mi carácter y mis valores son sólidos y no cambiarán”, avisó a Vox.
Y en hora y media larga de discurso, no sólo no ha mencionado la polémica “prioridad nacional”, ese axioma xenófobo que los de Abascal han impuesto a los otros presidentes del PP en Extremadura, Aragón y Castilla y León a cambio de sus votos. Moreno ni siquiera ha hablado de inmigración ni del peso de los inmigrantes en la economía andaluza -fuerza motriz del sector agroalimentario y de la hostelería- como hizo en 2022, cuando tenía mayoría absoluta; ni de inmigrantes “irregulares”, asociados a la delincuencia y la falta de “orden” en las políticas migratorias, competencia exclusiva del Gobierno central, como hizo en 2019, cuando sí necesitaba los votos de Vox.
En la Andalucía del tercer discurso de investidura de Moreno, la población migrante no existe. La dirección nacional de Vox ya había dado el portazo a mitad de discurso pero, por si había dudas, su candidato y portavoz en el Parlamento andaluz, Manuel Gavira, remató la faena al terminar de escuchar al dirigente popular: “Hemos escuchado algunas cosas que nos han gustado y cosas que no nos han gustado. No ha entrado en materias como la inmigración y la inmigración es un problema”, ha subrayado Gavira, preguntándose si María Guardiola, Jorge Azcón y Alfonso Fernández Mañueño estaban “cometiendo ilegalidades” al asumir su “prioridad nacional”.
No está claro si Vox va a pelear en Andalucía, como en el resto de comunidades, por entrar en el Gobierno del PP y exigir la consejería de Agricultura. Pero sí es evidente que el gran objetivo político de Abascal en esta comunidad, capital para las próximas elecciones generales, es evitar que Juanma Moreno siga siendo una excepción, una singularidad en el PP. Eso se acabó cuando perdió la mayoría absoluta y ahora Vox quiere alinear a todos los barones territoriales con la misma vara de medir, dependientes todos de él.
“Continuidad” y agenda “reformista”
Juanma Moreno ha sido elegido presidente de Andalucía en dos ocasiones: la primera, en 2019, con el peor resultado de la historia del PP (26 diputados) y los votos prestados de Ciudadanos y de Vox; en la segunda, en 2022, le bastaron los apoyos de su partido, que había ganado con una rotunda mayoría absoluta (58 escaños).
El tercer discurso de investidura del candidato popular, pronunciado este lunes en el Parlamento andaluz, busca un equilibrio entre el primero y el segundo: es una reivindicación de la “continuidad” de las políticas “reformistas” que ha desarrollado su gobierno los últimos ocho años (no sólo los últimos cuatro de mayoría absoluta) y de un modelo socioeconómico que considera de “éxito”; y es, sobre todo, un alegado en defensa de su estilo de hacer política (la moderación y la concordia“ de la llamada ”vía andaluza“).
“Tengo la convicción de mantenerla como vía del nuevo gobierno andaluz. Gobernaré para todos. Mi carácter y mis valores son sólidos y no cambiarán por las coyunturas políticas”, ha prometido Moreno, reafirmándose en su estilo templado, comparándose con el discurso “humanista” que el Papa León XIV pronunció recientemente en el Congreso.
Pero, a la vez, el discurso de investidura de Moreno es un texto trufado de guiños, promesas y cesiones a la ultraderecha, necesaria tanto para su reelección como para la gobernabilidad estable de la comunidad más poblada de España. El presidente en funciones no se llamó a engaño, lo dijo nada más empezar: “Nos hacen falta dos escaños, esa es la realidad, y cerrar lo sojos a la realidad sería un error”, adelantó Moreno, que situó su debate en la encrucijada que todos conocen: “o bloqueo institucional o repetición electoral”, pero también desde el minuto uno señaló como responsables del “lío” potencial a las tres izquierdas que nunca facilitarán su investidura -PSOE, Adelante Andalucía y Por Andalucía-, nunca a su socio preferente, que a día de hoy tampoco le apoya.
Equilibrios imposibles
El debate de investidura, que continuará este martes con la réplica de los grupos políticos, ha sido un ejercicio de contorsión en el que Moreno se ha aferrado a sus principios -“moderación, seguridad, estabilidad”- y ha reintroducido partes de la agenda política de Vox.
“Reintroducido”, porque ya lo hizo en 2019, tras firmar el primer pacto del PP con la ultraderecha en España, que empezó a romper los consensos sobre igualdad de género y lucha contra la violencia machista; sobre las políticas contra el cambio climático; sobre europeismo y autonomismo; sobre la integración de los inmigrantes desde una perspectiva socioeconómica (no vinculada a la delincuencia), e incluso sobre memoria histórica (Andalucía fue la primera comunidad donde el PP no votó en contra de una Ley de Memoria autonómica, aunque tras casi ocho años de gobierno haya asfixiado las políticas memorialistas achicando la financiación).
Moreno hizo suyos algunos de los postulados más ultra del partido de Santiago Abascal, aunque se protegió de las críticas bajo la “Andalucía encapsulada” -esa estrategia exitosa que aisló la política andaluza del ruido colindante- y, más tarde, logró desprenderse de algunos de aquellos estigmas gracias a la mayoría absoluta de 2022 (otros los ha mantenido hasta hoy, como el polémico teléfono de “violencia intrafamiliar”, término con el que Vox niega la violencia de género).
“La igualdad de hombres y mujeres es un principio irrenunciable”, ha subrayado este lunes, reafirmando su compromiso en la lucha contra la “violencia de género”. Esta frase, quizá en 2019, habría puesto en riesgo el apoyo de Vox, que entonces tenía el rechazo al feminismo en el frontispicio de su agenda, pero desde entonces los de Abascal han experimentado un proceso de lepenización que, como los ultras de Francia, han orillado algunas guerras culturales para centrarse casi de forma monográfica en el discurso antiinmigrante.
El barón popular ha buscado también la complicidad de Vox en el reproche sistemático contra el Gobierno de Pedro Sánchez, un escenario de coincidencia con los de Abascal durante toda la pasada legislatura. Todo lo que falla en Andalucía, ha venido a decir Moreno, falla por falta de inversión, por falta de compromiso o directamente porque el Ejecutivo de España está dinamitando las opciones de esta comunidad autónoma, de 8,5 millones de personas, y que maneja un presupuesto de 55.000 millones de euros.
La medida estrella del discurso de investidura de Moreno en 2022 fue una batería de rebajas fiscales con un impacto de 620 millones de euros en las arcas públicas durante los cuatro años de mandato, 260 millones sólo el primer ejercicio. No se ha cumplido aquella previsión, pero el PP sigue ostentando hoy la bandera de la “rebaja masiva de impuestos”, con la que Vox está plenamente alineado.
Moreno ha avanzado en esa “reforma fiscal”: nueva reducción del IRPF y Transmisiones Patrimoniales; deduccióin por la compra de gafas y lentillas a menores de 25 años; volver a suprimir el impuesto de Patrimonio; bonificar el impuesto de Sucesiones entre hermanos; y ha vuelto a prometer mayor “desregulación” y “desburocratización”, que agilice los proyectos económicos.
La primera “prioridad” que ha mencionado no ha sido la “prioridad nacional” de Abascal (ese sintagma xenófobo), sino la vivienda, el gran problema social de nuestro tiempo (25.000 personas se manifestaron el sábado en Málaga reclamando una respuesta habitacional); y la “prioridad sanitaria”, prometiendo que el presupuesto de la cartera de Salud crecerá sistemáticamente cada año.
También, en esta línea, el líder popular ha esbozado una “revolución del modelo organizativo del Servicio Andaluz de Salud, que ya ha quedado obsoleto hace años”, y ha anunciado como medida “pionera” un plan de “prevención” contra la soledad no deseada, que afecta a más de un millón de andaluces.
Otro de los “principios irrenunciables” que ha esgrimido Moreno es la defensa “frente a terceros” del sector agroalimentario, pilar de la economía andaluza, que moviliza 15.600 millones de euros al año. En este capítulo los equilibrios del presidente de la Junta han sido complicados, porque su partido (junto al PSOE) apoyó el acuerdo comercial Mercosur en el Parlamento europeo, al que Vox se opone abiertamente.
Moreno ha defendido la “preferencia comunitaria”, es decir, el marco europeo [sigue siendo presidente del Comité de Regiones Europeas], pero también ha introducido las críticas de la ultraderecha al desarrollo de esas políticas, denunciando que algunas cláusulas de esos acuerdos europeos con países extracomunitarios “dañan a nuestros productores”. “Exigiremos precios justos y ser respetados frente a productos de terceros países a los que no se le exigen las mismas obligaciones y estándares ambientales que a nosotros”, ha subrayado.
Vox aspira, como en Extremadura, Aragón y Castilla y León, a hacerse con la Consejería de Agricultura, aunque en Andalucía el volumen de presupuesto que maneja es infinitamente mayor, con unos 2.000 millones de euros anuales.
El barón del PP hizo un llamamiento a la “unidad y la valentía” de la Cámara en un tramo de su discurso en el que rechazó de plano el nuevo modelo de financiación autonómica, firmado por la jefa de la oposición, la socialista María Jesús Montero, que le observaba desde su escaño. Moreno ha reclamado “suficiencia financiera” y ha acusado a Sánchez de “discriminar a Andalucía en las inversiones del Estado”.
La medida estrella del discurso de investidura de Moreno en enero de 2019 no estaba en el discurso, sino en la imagen en sí misma: el primer presidente de la Junta de Andalucía que no era del PSOE en 37 años. Sería elegido con los votos de los dos partidos que habían reducido al PP al esqueleto: los liberales de Ciudadanos y los ultras de Vox.
Uno de los cambios evidentes en la jornada de hoy es el ambiente de naturalidad con la que Moreno regresa a la investidura de manos de la ultraderecha, esta vez, sin el ambiente de asombro de entonces, sin las manifestaciones masivas de organizaciones feministas que en enero e 2019 rodearon el Parlamento en protesta por la alianza de PP con Vox, y respaldada por la mitad de los consejeros del Gobierno en funciones de Susana Díaz, dirigentes del PSOE-A, de Izquierda Unida y de Podemos. Hoy ya nadie se rasga las vestiduras ni alerta sobre el “fascismo”, que fue una palabra común en el diario de sesiones hace dos legislaturas.
Votación el martes y el jueves
El candidato popular ha desgranado los ejes de su tercer mandato y, hasta el martes a las 10.00 horas, el Parlamento no escuchará la réplica del resto de candidatos sobre la tribuna: María Jesús Montero, por el PSOE; Manuel Gavira, por Vox; José Ignacio García, por Adelante Andalucía; y Antonio Maíllo, de la coalición Por Andalucía. Obviamente será la palabra de Gavira la más esperada, si para entonces no se ha hecho público el acuerdo entre ambas formaciones.
La primera votación está prevista para la tarde del martes 30 de junio. Si Moreno no sale investido en ese momento, habrá una segunda votación 48 horas después, el jueves 2 de julio, en la que sólo necesitaría mayoría simple, es decir, bastaría con que los diputados de Vox se abstuvieran.
Reacciones de la oposición
Al término de la sesión, el portavoz de Por Andalucía, Antonio Maíllo, ha criticado el discurso inicial de investidura del presidente en funciones de la Junta, asegurando que “ha certificado la defunción de su vía moderada”, al mismo tiempo que ha lamentado su “opacidad” por las negociaciones entre el PP-A y Vox para formar gobierno.
“No ha contado absolutamente nada del único hecho políticamente relevante en estos días que ha sido el diálogo opaco, oscurecido y absolutamente hermético que tiene con la única fuerza con la que ha hablado y con la que descuelga el teléfono, que es con la ultraderecha de Vox”, ha afirmado Maíllo en una atención a los medios este lunes en el Parlamento.
Por su parte, el portavoz de Adelante Andalucía, José Ignacio García, ha tachado de “vergüenza” el “poco tiempo” dedicado en el discurso de investidura de Moreno, a la violencia machista, los derechos de las personas LGTBI o el cambio climático, temas que ha calificado como “vetados” por la formación de ultraderecha con la que negocia un pacto de gobierno.
En nombre del grupo socialista, la vicesecretaria general del PSOE andaluz, María Márquez, ha cargado contra Moreno por “permitir” que el futuro gobierno se esté escribiendo “en un despacho de Vox en Madrid”, y que depende de lo que decida la dirección nacional de la ultraderecha, toda vez que ha sido el portavoz del partido de Santiago Abascal, desde la sede central en Madrid, quien ha avanzado que Vox votará en contra de la investidura de Moreno, mientras el propio candidato del PP leía su discurso previo a la votación prevista para este martes.
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Un desvío en la 'Vía Andaluza': Moreno se juega su capital como líder moderado del PP en una investidura rehén de Vox
El presidente andaluz y referente del PP más templado, Juanma Moreno, pronuncia este lunes su tercer discurso de investidura, centrándose más en lo que le une a Vox (rebajas fiscales, desburocratización) y reinterpretando lo que le separa, como la "prioridad nacional" contra el inmigrante, el negacionismo climático y la defensa de la autonomíaMoreno negociará “hasta el último minuto” con Vox, que critican “las prisas” del PP para la investidura del martes
Juanma Moreno llega a su tercer debate de investidura, este lunes y martes en el Parlamento andaluz, sin tener aún los votos necesarios de Vox para repetir como presidente.
El candidato popular, que se quedó a dos escaños de la mayoría absoluta en las elecciones del 17 de mayo, podía haber dilatado sine die los plazos para negociar con la ultraderecha, pues ni el Estatuto de Autonomía ni el reglamento de la Cámara imponen un plazo al presidente del Parlamento, el popular Jesús Aguirre, para convocar el Pleno de investidura.
Sin embargo, Moreno le pidió a Aguirre que lo convocase “cuanto antes” y éste, con disciplina de partido, lo hizo en cuanto terminó la ronda de contactos con los candidatos de los cinco partidos con representación.
Esta semana, por tanto, Moreno se somete a dos votaciones de investidura, la primera el martes (que requiere mayoría absoluta), y la segunda el jueves (con mayoría simple) y, si ambas fracasan, se activa la cuenta atrás para repetir las elecciones. Este segundo escenario es altamente improbable. De hecho, la activación acelerada del proceso de investidura sugiere que la negociación entre el PP y la ultraderecha está “muy avanzada”, indican fuentes populares, que tenían claro que Andalucía, con un presupuesto de 55.000 millones de euros para 8,5 millones de habitantes, “no puede permitirse estar sin gobierno seis meses, como le ocurrió a Extremadura”.
Moreno entra este lunes en el salón plenario del Parlamento andaluz -sin límite de tiempo- para leer un discurso de investidura que se alejará necesariamente del que pronunció hace cuatro años, cuando le abrigaba la mayoría absoluta, e introducirá “guiños” a Vox para incorporar sus exigencias al nuevo Gobierno.
De la negociación entre ambos partidos se sabe aún poco, de modo que el interés está en adivinar cuánto ha cedido el presidente popular a los postulados y las guerras culturales de la ultraderecha, en especial al discurso antiinmigrante de los de Santiago Abascal y su polémica “prioridad nacional”.
El margen de cesión es el que servirá también para analizar cuánto sacrifica Juanma Moreno de su consabida moderación, de su centralismo, de la famosa “vía andaluza” que, tanto en las formas como en el contenido, le han convertido en una singularidad dentro del propio PP. Lo va a tener difícil, porque lo que quiere Vox es, precisamente, cobrarse esa pieza de caza mayor. Obligar a Moreno a plegarse a sus condiciones -que le alejan de la centralidad donde se hizo fuerte y con la que ganó las elecciones al PSOE tras 37 años en el poder- como antes se plegaron María Guardiola en Extremadura; Jorge Azcón en Aragón; y Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León.
A menos que este mismo lunes se cierre y se presente el pacto de gobernabilidad entre PP y Vox en Andalucía, el discurso de investidura de Moreno seguirá las mismas pautas que la de sus predecesores en esas tres comunidades: el presidente de la Junta en funciones centrará su discurso en “lo que les une, que es mucho”, y orillará “lo que les separa”.
En el espacio de convivencia entre PP y Vox estarán las rebajas fiscales, la desburocratización, el ahorro en los gastos “superfluos”, las ayudas a la natalidad, y todo un bloque de exigencias, denuncias y artilugios de confrontación contra el PSOE y el Gobierno de Pedro Sánchez, el verdadero pegamento de las derechas.
En el segundo espacio, el de la discordia, es donde se va a mirar el programa presidencial de Moreno con microscopio, porque ahí se concentra el discurso sobre inmigración (que Vox asocia sistemáticamente a la delincuencia, como también hace el PP nacional); el cambio climático (que Moreno reconoce y Abascal niega); la gestión del sector agroalimentario, capital para la economía andaluza, que Vox ha convertido en un ataque antieuropeísta (con duras críticas al acuerdo de Mercosur votado por PSOE y PP); el alegato andalucista y autonomista, que la ultraderecha desprecia, y el feminismo.
Sobre esto último, cabe recordar que Vox ha protagonizado una suerte de lepenización en los últimos cuatro años, orillando sus ataques al feminismo y a las leyes contra la violencia de género y contra la homofobia, que en 2019 exigieron derogar a cambio de apoyar la investidura de Moreno. Hoy, y así quedó claro en la campaña electoral, el monopolio de su discurso está en el rechazo y la criminalización del inmigrante.
Los dos imponderables de la ultraderecha son, como en otros territorios, escuchar a Juanma Moreno en el Parlamento hace suyo el lema de la “prioridad nacional” -en campaña lo llamó “eslogan vacío”, porque plantea un escenario “ilegal e inconstitucional”- y entrar en su gabinete para gestionar la consejería de Agricultura, que en Andalucía maneja un presupuesto de 2.000 millones de euros, más que las otras tres comunidades juntas.
Nadie en el Ejecutivo en funciones ni en el PP-A ve posible que Moreno se salve del “tsunami de la prioridad nacional” pero, matizan, “si tiene que hacerlo, lo hará sin renunciar a sus principios”. ¿Cómo logrará ese equilibrio? “Hablando a la vez de la prioridad andaluza”, arguye uno de sus asesores, como ya hizo en campaña. “No son cosas incompatibles”, sentencia.
Guardiola no nombró este concepto xenófobo en su discurso de investidura, pero sí hizo guiños a Vox vinculando a los inmigrantes con la inseguridad y la delincuencia. Moreno también lo hizo en la ponencia política del Congreso regional donde fue reelegido presidente del PP andaluz, aunque luego lo borró de su programa electoral, y prefirió ligar a la población extranjera con las políticas sociales. Lo previsible es que el barón popular reitere que los inmigrantes son indispensables para la economía andaluza, por la agricultura, la ganadería e incluso la hostelería -sectores punteros del PIB regional- “donde los andaluces no quieren trabajar, porque es muy duro”.
Reabrir los puentes con Vox
A nadie debe sorprenderle si Juanma Moreno reabre puentes con Vox este lunes y martes. En realidad es lo que ha venido haciendo durante toda la legislatura pasada, aun teniendo mayoría absoluta, cuidándose mucho de no tensar la cuerda con el único partido con el que puede pactar y gobernar.
Durante cuatro décadas no existió nada ni a derecha ni a izquierda del PP andaluz con lo que poder coaligarse para arrebatar el gobierno al todopoderoso socialismo andaluz. En 2012 ganó las elecciones por primera vez, pero se quedó a cinco diputados de la mayoría absoluta, y una coalición entre el PSOE e Izquierda Unida dejó a Javier Arenas fuera del Palacio de San Telmo. En 2018, con el peor resultado de su historia (26 diputados), el PP de Moreno se alió con los liberales de Ciudadanos y con los ultras de Vox para consumar la alternancia política en la única comunidad de España que aún no la había experimentado.
Moreno vuelve esta semana a aquella primera legislatura de pactos obligados -tras el cómodo intermedio de cuatro años de mayoría absoluta-, pero lo hace con más fortaleza que entonces. Tiene 53 diputados, más que toda la izquierda junta, ganó las elecciones del 17 de mayo con el mejor resultado de su historia, fue primera fuerza en las ocho provincias y su liderazgo hoy es indiscutible. El resultado del 17-M, dicen los suyos, le avalan para reclamar “un Gobierno en solitario”, contando con el apoyo externo de Vox.
Pero los de Abascal no quieren que el barón andaluz siga siendo una excepción. Los principales negociadores del futuro Gobierno andaluz por parte de Vox están en Madrid, como vaticinó el propio Moreno en campaña, y para ellos esta investidura es una meta volante más en su camino a la Moncloa.
El debate de investidura arranca este lunes a las 12.00 horas. El candidato popular desgranará los ejes de su tercer mandato y, hasta el martes a las 10.00 horas, el Parlamento no escuchará la réplica del resto de candidatos: María Jesús Montero, por el PSOE; Manuel Gavira, por Vox; José Ignacio García, por Adelante Andalucía; y Antonio Maíllo, de la coalición Por Andalucía. Obviamente será la palabra de Gavira la más esperada, si para entonces no se ha hecho público el acuerdo entre ambas formaciones.
La primera votación está prevista para la tarde del martes 30 de junio. Si Moreno no sale investido en ese momento, habrá una segunda votación 48 horas después, el jueves 2 de julio, en la que sólo necesitaría mayoría simple, es decir, bastaría con que los diputados de Vox se abstuvieran.
Tampoco es éste el escenario que se busca, los populares trabajan para amarrar los 15 votos de la bancada ultraderechista (no sólo los dos que necesitan) y para sellar un pacto de gobernabilidad que incluya los cuatro presupuestos autonómicos y dé estabilidad a la legislatura, para evitar así la espada de Damocles que sobrevoló cada una de las cuentas andaluzas en la primera legislatura.
Entonces Vox solía mantener el secreto de su voto hasta el mismo día del debate presupuestario, rebañando sus exigencias al Gobierno en minoría de PP y Ciudadanos hasta el último minuto, y evidenciando su dependencia absoluta de los de Abascal. Si la investidura de Moreno llegara a fracasar en la segunda votación, la cuenta atrás de dos meses para la repetición de elecciones echaría a andar.
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