Miles de ciudadanos se concentraron en Ceuta, convocados por las cuatro principales comunidades religiosas, para reclamar medidas ante la crisis migratoria desencadenada por la entrada masiva de migrantes el 30 de julio. La movilización, celebrada al margen de partidos políticos, buscó una respuesta de las administraciones ante una situación calificada de insostenible.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, rechazó el plan de 15 puntos para la Franja de Gaza impulsado por el presidente estadounidense Donald Trump. Netanyahu afirmó que el ejército no se retirará hasta que se produzca un desarme real de Hamás, poniendo en duda el acuerdo previo aceptado por el grupo palestino.
Las autoridades de España y Marruecos coordinaron la devolución de miles de migrantes que entraron irregularmente a Ceuta, en el contexto de la presión migratoria sobre la frontera sur de Europa y el espacio Schengen.
Santiago Abascal calificó de "invasión" la entrada de más de 70.000 personas marroquíes en Ceuta, pero evitó presentar a Marruecos como un Estado hostil ni confrontar directamente con Mohamed VI. La crisis fronteriza ha dejado un centenar de fallecidos según organizaciones sobre el terreno.
El Gobierno español ha reactivado los controles en sus fronteras con Italia, exigiendo pasaporte a los viajeros, en respuesta a la situación migratoria en Ceuta. Esta decisión se produce en un contexto de creciente tensión diplomática entre Roma y Madrid, donde el presidente Sánchez y la primera ministra Meloni mantienen posturas enfrentadas sobre la gestión de los flujos migratorios, impactando en las relaciones bilaterales y generando reacciones entre los ciudadanos.